Es la gran experta en Picasso en España. Trabajó en el Museo Reina Sofía, negoció compras millonarias de obras del maestro e incluso fue la autora del informe que impidió que el banquero Jaime Botín sacara del país el cuadro 'Cabeza de mujer joven'. Su jubilación no ha estado exenta de polémica. Con motivo del 50 aniversario de la muerte del genio malagueño hablamos con ella.
Lo ha sido todo en la figura de Picasso en España. Como conservadora especialista en el Museo Reina Sofía participó en las negociaciones de compras millonarias de obras del genio; y como vocal de la Junta de Calificación fue la responsable de redactar el famoso informe en contra de que el banquero Jaime Botín pudiera sacar Cabeza de mujer joven del país. Además, ha sido comisaria de las pocas exposiciones de Picasso en el Reina Sofía. Su jubilación, en 2019, no ha estado exenta de polémica. Su proyecto de exposición de la etapa precubista de Picasso quedó congelado en 2015 y, en cambio, será el protagonista de los fastos del 50.º aniversario de la muerte del malagueño en noviembre con otro comisario al frente. Hablamos con una de las pocas especialistas del maestro en nuestro país. Tanto es así que, desde que se jubiló del Reina Sofía, el puesto de conservador responsable de su obra sigue vacante.
XLSemanal. ¿Cómo puede ser que ese puesto no se haya cubierto si el Reina Sofía alberga nada menos que el Guernica?
Paloma Esteban Leal. ... Los derroteros que ha ido tomando el Reina no son potenciar la vanguardia histórica y, por tanto, tampoco a Picasso.
XL. Es paradójico que en España no haya casi especialistas en Picasso.
P.E.L. Hay que irse fuera para encontrarlos. Aquí no hay nadie. Y es que no se ha tratado casi a Picasso en los últimos años.
XL. La última exposición que hizo el Reina Sofía fue en 2017.
P.E.L. Sí, pero fue una exposición de colecciones, con el Guernica de protagonista, no una exposición del autor. En el mandato de Borja-Villel no se ha hecho ninguna de Picasso.
XL. En 2012, usted le presentó a Borja-Villel –director del Reina– una exposición sobre la etapa de Picasso en Gósol, el pueblo de Lérida donde comienza su época precubista. Curiosamente, es la exposición que va a protagonizar la celebración del 50.º aniversario, pero comisariada por Eugenio Carmona.
P.E.L. Inicialmente no le interesó mucho. Años más tarde la íbamos a llevar a cabo en coordinación con el Museo Picasso de París. El proyecto estaba muy adelantado y poco antes de jubilarme me dijeron que no se hacía porque era muy cara. Y ahora la presentan como la muestra estrella del Reina Sofía. Habrá que ver si es una copia de mi exposición. Sigo teniendo toda la documentación.
XL. ¿Se jubiló porque le tocaba?
P.E.L. Desgraciadamente. Este trabajo me ha apasionado, pero los últimos años en el Reina Sofía no han sido los más interesantes. Hacía informes sin parar. El periodo de José Guirao fue el más fructífero.
XL. ¿Qué destacaría de los cinco años que estuvo Guirao como director?
P.E.L. Le quitamos el vidrio al Guernica, preparamos el proyecto de partición de las colecciones del Prado y el Reina, el proyecto de ampliación, y lo más importante: hicimos ‘la operación Picasso’.
Ampliar
XL. ¿Adquisiciones de Picasso?
P.E.L. El museo solo tenía dos o tres óleos de Picasso. Se compraron seis y lo hicimos gracias a la dación en pago de impuestos, sin tocar el presupuesto del Ministerio de Cultura. Además, compramos un Chillida, un Antonio López… Una efervescencia total. Además, hice muchas exposiciones: Picasso Minotauro, Picasso: las grandes series…
XL. En 2005, la designaron vocal de la Junta de Calificación. Como especialista en Picasso fue la responsable de decidir qué obras se podían exportar. ¿Le gustaba ese trabajo?
P.E.L. Fue muy estresante. El caso de Jaime Botín fue terrible.
XL. ¿Por qué?
P.E.L. Yo no sabía quién era el propietario del cuadro. Tuve que ir a dos juicios, el segundo con Jaime Botín delante. No tenía ningún interés en oponerme a él, pero el cuadro no podía salir de España. Es un pedazo de obra. Yo solo estaba haciendo mi trabajo, pero sin apoyo de la Junta. Di la cara yo sola cuando solo era una vocal.
XL. La historia acabó bien, el cuadro está ahora colgado en el Reina Sofía.
P.E.L. Sí, pero hubiera preferido no intervenir. Yo también soy la máxima experta en Picasso para lo malo. Porque a la hora de hacer exposiciones no me han reclamado del Reina Sofía…
XL. Muchos dicen que Borja-Villel ha hecho que el Reina Sofía sea conocido internacionalmente.
P.E.L. No estoy de acuerdo para nada. Recuerdo y vuelvo a la etapa de José Guirao cuando compramos los Tàpies e hicimos unas salas dedicadas a él. Venían directores de museos de todo el mundo a verlas. El Reina estaba entonces colocado en el mundo. Y con la directora María Corral también.
XL. ¿Cómo definiría los 15 años de mandato de Borja-Villel?
P.E.L. Ha potenciado el arte emergente, el realizado por mujeres, el de América Latina. Esos han sido sus puntos fuertes.
XL. ¿Y los débiles?
P.E.L. Habría que agrupar las obras de las figuras señeras del arte español para que actuaran como acicate para los visitantes. Las salas de Miró, Picasso, Juan Gris, Tàpies y Dalí son fundamentales. Habría que volver a juntar sus obras.
XL. ¿Para mostrar el arte español fuera de nuestras fronteras?
P.E.L. Exacto. Y todo combinándolo con la visión del arte emergente que, por supuesto, no se puede dejar de lado.
XL. El realismo español ha desaparecido prácticamente de las salas.
P.E.L. Sí, y es nuestra historia. No sé si es lícito reescribirla. No puedes ignorar lo que ha sido El Paso o el realismo. Y, más que ignorado, está todo fragmentado y no lo ves en su verdadera dimensión. Es otro discurso, lo que Borja-Villel llama 'los microrrelatos'. Es otra forma de verlo totalmente diferente.
XL. ¿Es más fácil o más difícil de entender para el visitante?
P.E.L. Depende. Los hay que se hacen un lío y otros a los que les apasiona. Pero hay que tener presente que es un museo nacional, pagado con los impuestos de los españoles, y debe tener una dimensión didáctica, contar lo que ha sido el arte del país.
XL. El equipo que trajo Borja-Villel al Reina Sofía se quedará después de su marcha. ¿Es un buen equipo?
P.E.L. No lo sé, nos relacionábamos poquísimo. Había mucha diferencia entre el cuerpo funcionarial que ya estaba y los nuevos.
XL. ¿Qué exposiciones tenían que haberse celebrado?
P.E.L. Para empezar, el último Picasso. Nunca se hizo en España una exposición del periodo final. Tiene tantas facetas. Se pueden hacer miles, pero no ha habibo interés.
XL. ¿España no se ha portado bien con Picasso?
P.E.L. No. Los franceses se lo han apropiado. Es la figura del arte universal del siglo XX y se podían haber hecho más proyectos. Se le debe muchísimo y estamos en deuda con él. No le hemos dado el sitio que se merece.
XL. En este año del 50.º aniversario, ¿qué deberíamos aprender?
P.E.L. Su método de trabajo. Picasso hacía en un día tres cuadros, pero a esos tres les daba vueltas en la cabeza cuatro años. Esa forma de trabajar, de no parar de pensar en su obra, es un ejemplo. Vivía para sus obras y lo demás era secundario.
XL. ¿Las mujeres también?
P.E.L. Incluidas las mujeres, pero eso no quiere decir que las maltratara.
XL. ¿Qué cuadro de Picasso debería estar en España?
P.E.L. Lo tengo clarísimo: Les demoiselles d’Avignon. Es el punto de partida del cubismo y ha dejado su estela en todo lo que ha venido detrás.
XL. Dice que Picasso le ha dado mucho, pero también disgustos.
P.E.L. Ha sido una parte fundamental de mi vida y, en efecto, no exenta de disgustos (la 'malograda' exposición, el caso del cuadro de Botín…). Pero fundamentalmente me ha dado el disfrute de su obra. Recrearla, hacerla tuya, interpretarla, sacarle los significados… Es un tesoro.
XL. Más allá del arte, ¿tiene otra afición?
P.E.L. El cine, pero no hay buenas películas de Picasso.
→ «Las señoritas de Aviñón es una de las obras más importantes en el contexto de la génesis del arte moderno, que anuncia tanto el cubismo como el expresionismo, y requirió de Picasso un trabajo previo de nueve meses, así como una gran cantidad de estudios preparatorios. Una primera versión pretendía tratar un tema provocador, un burdel de la barcelonesa calle de Avinyó, de ahí el título original, El burdel de Aviñón, que Picasso siempre prefirió al nombre con el que finalmente bautizó al lienzo su amigo el poeta André Salmon: Las señoritas de Aviñón. Con la segunda versión, pintada sobre la primera, a los rostros redondeados se sumaron planos más angulosos y agresivos, herencia en buena parte de las obras de Paul Cézanne (1839-1906), a quien Picasso admiraba profundamente. Con ocasión de la retrospectiva que se le dedicó en el Salon d’Automne de París de 1907, Cézanne dejó un legado artístico que influyó sobre un buen número de pintores. Aunque nunca llegaron a conocerse en vida, Cézanne y Picasso comparten la misma concepción plástica de geometrización de los volúmenes.
→Les demoiselles... representa a cinco prostitutas desnudas en un burdel. Dos de ellas –compuestas por planos geometrizados– miran fijamente con sus ojos asimétricos, al tiempo que apartan unas cortinas situadas alrededor del espacio donde otras mujeres muestran posturas seductoras y eróticas, aunque, de estas últimas, las dos de la derecha tienen por cabezas máscaras amenazantes. El espacio, que debería retroceder, avanza en fragmentos dentados, como un cristal roto. En la naturaleza muerta de la zona inferior, una rodaja de sandía corta el aire como una guadaña, posiblemente como alegoría del sexo femenino. Les demoiselles conmocionó al público de la época. Suscitó alternativamente indiferencia, incomprensión o rechazo, tanto por su tema como por su tratamiento, ya que, en efecto, la perspectiva se modifica sustancialmente en relación con las composiciones existentes hasta ese momento (los rostros están de frente y las narices, de perfil, por ejemplo) y los cuerpos se estilizan notablemente. Asistimos ya a los albores del cubismo, que Picasso había comenzado a intuir durante el viaje que realiza al pueblo leridano de Gósol en 1906».
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