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La tremenda historia de Mal Evans El hombre que les conseguía drogas (y sexo) a los Beatles

Mal Evans fue asistente personal y confidente de los Beatles durante una década. Su historia —de trágico final— había pasado inadvertida... hasta ahora. Un libro recupera sus diarios y muestra la vida más secreta de los cuatro de Liverpool.

Por Judy Clarke

Viernes, 01 de Diciembre 2023, 12:08h

Tiempo de lectura: 7 min

En enero de 1962, Inglaterra vivió uno de los inviernos más fríos de su historia. Y fue precisamente esa gran helada la que unió a Malcolm Evans y los Beatles.

Por entonces, Mal estaba cerca de la treintena. Era ingeniero de Telecomunicaciones, trabajaba en Correos y tenía ya formada una familia. Se conocían de vista porque Mal, aunque era algo mayor que los Beatles, era un habitual de The Cavern, el mítico pub de Liverpool que vio 'nacer' al grupo. Además, su elevada estatura (de 1,95) hacía difícil que pasara inadvertido.



Pero fue la gran helada de 1962 lo que hizo que Mal se convirtiera en su asistente personal. El tipo encargado de conseguirles groupies y drogas, pero también su paño de lágrimas y el encargado de hacer algunos arreglos a sus canciones. Así lo cuenta el libro Living The Beatles legend, de Kenneth Womack, que recupera los diarios de Mal, olvidados durante años en un sótano.

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El maletín de Mal. Mal bromea con Ringo durante su gira por EE.UU. Realmente, fue Paul quien tuvo una relación más cercana con Mal. Como asistente personal siempre llevaba una bolsa con todo lo que los Beatles podían desear, desde galletas a drogas.

Aquel gélido enero de 1962, el mánager de los Beatles, Neil Aspinall, enfermó de gripe, y el dueño de The Cavern le pidió a Mal que condujera la maltrecha furgoneta de la banda desde Liverpool a Londres para una actuación. En el viaje de vuelta, en medio del temporal, el parabrisas se quebró. Lejos de amilanarse, Mal acabó de romper con el puño el cristal, se colocó sobre la cabeza una bolsa de papel con dos agujeros para protegerse del frío y el viento y siguió conduciendo. Mientras, John, Paul, George y Ringo, acurrucados en la parte trasera, compartiendo una botella de whisky, no paraban de bromear y de repetir a su conductor como niños «¿cuánto queda para llegar?». «Trescientos kilómetros», respondía Mal una y otra vez. En los años siguientes, «aquello se convirtió en nuestra broma privada; cada vez que las cosas se ponían difíciles, decíamos '200 miles to go, Mal'», recordaría John Lennon.

«Mal era un semental sacado del 'Kamasutra'. Como vírgenes sacrificadas, muchas de las chicas aceptaban de buen grado que tendrían que hacerlo con Mal para llegar a los Beatles»

Desde el instante en que Mal se convirtió en el hombre de confianza de los Beatles, siempre llevaba consigo un maletín médico (cada vez más grande) con todos los caprichos posibles de la banda: púas, cuerdas de guitarra, aspirinas, chicles, galletas, cigarrillos... Con los años añadió otra bolsa más; esta, llena de porros.

Mal cuenta en su diario que fue Bob Dylan en 1964 quien introdujo a la banda en el consumo de marihuana. Durante su primera gira por Estados Unidos, los Beatles le ofrecieron a Dylan anfetaminas, pero él las rechazó y sugirió «algo un poco más orgánico». A los Beatles les encantó la experiencia.

El conseguidor de chicas ‘seguras’

El fenómeno fan en torno a los Beatles en el año 1963 ya era algo nunca visto. «Como atacadas por un virus que trastocaba sus normas morales, las adolescentes querían sexo con los Beatles y no les importaba cómo lo conseguían», cuenta en el libro Tony Bramwell, ayudante de Brian Epstein, mánager de los Beatles. «Mal las clasificaba como si fueran M&Ms para probarlas primero. A Brian, que era muy puritano, le habría dado un ataque si se hubiera enterado».

Para Mal, la repentina disponibilidad de sexo, aparentemente libre de consecuencias, resultaba irresistible. «Big Mal era un demonio para el sexo», asegura Tony. «En las calles de Birmingham o Mánchester era un semental sacado del Kamasutra. Como vírgenes sacrificadas, muchas chicas aceptaban de buen grado que tenían que hacerlo con Mal para llegar a John, Paul, George o Ringo, y Mal lo sabía».

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El confidente. Evans no solo proveía de drogas a los Beatles, las consumía con ellos. Fue su fiel acompañante durante su delirante y polémico viaje por la India.| Getty Images.

Años más tarde, Lennon compararía las giras de los Beatles con el Satiricón, de Fellini, sugiriendo que sus viajes eran todo amoralidad y libertinaje. Lloyd Ravenscroft, el mánager de su gira australiana, confirmó que «Mal Evans se encargaba de que tuvieran chicas en su habitación. Era muy bueno eligiendo a las chicas; muy discreto y bien organizado».

Larry Kane, un periodista que estuvo con la banda en una de sus giras por Estados Unidos, describió a Mal como «un alcahuete fino, capaz de detectar un objetivo con una intuición increíble». Entendía muy bien, explica el libro, las dificultades a las que podían enfrentarse los Beatles si alguna de las chicas era menor de edad o se sentía agraviada. «Si se diera un Oscar por conseguir mujeres de forma segura, Mal Evans habría recibido el premio a toda una vida», escribió Kane.

El concierto soñado de Elvis y los Beatles

Uno de los momentos que Mal recuerda con más entusiasmo fue la noche del 27 de agosto de 1965, cuando él y los Beatles conocieron a Elvis Presley. Mal –absoluto fan del Rey, que entonces tenía 30 años– 'flipó' cuando Paul se lo presentó en la mansión de Elvis en Bel-Air. A medida que avanzaba la velada, escribió Mal: «Elvis puso un montón de discos, muchos de los Beatles, pero modestamente, no puso ninguno suyo. Las bebidas fluían, la charla era animada...».

Finalmente, Elvis cogió un bajo. «Empezó a rasguear, tocando bastante bien, pero insistía en que estaba aprendiendo», escribió Mal. «Sigue practicando, amigo. Llegarás a lo más alto», bromeó Paul. Y allí mismo se produjo «la sesión improvisada no grabada más fantástica de todos los tiempos», cuando Mal encontró unas guitarras para John, George y Paul y unos bongos para Ringo, e improvisaron durante una hora. «Fue fabuloso».

«Solo hubo un contratiempo», escribió Mal. Nadie tenía púa. «Mal tiene púa», dijo Paul. «Siempre tiene». Mal, cabizbajo por no haber traído su maletín, corrió a la cocina y transformó unos cubiertos de plástico en improvisadas púas.

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Amigo de la familia. Mal sostiene el paraguas para proteger a Linda y Paul el día de su boda, en 1969.

Aquel momento de gloria tuvo su cara B el 3 de julio de 1966, cuando los Beatles llegaron a Filipinas, última escala de una gira antes de regresar a Inglaterra. «Fue en Manila –escribió Mal– donde, por primera vez en mi vida, experimenté el miedo». Los Beatles habían recibido una invitación del entonces presidente filipino, Ferdinand Marcos, y de su esposa, Imelda, para comparecer en su palacio al día siguiente.

Pero los Beatles y su mánager decidieron no visitar al dictador. Se limitaron a actuar en los dos conciertos que tenían firmados. Creían que no habría represalias por desairar a la primera dama, pero la mañana del 5 de julio, cuando ya se iban del país, empezaron los problemas. Un miembro del personal del promotor del concierto le pidió a Mal fotos autografiadas de los Beatles. «Estaba a punto de explicarle que había regalado la mayoría –escribió Mal–, cuando me apuntó con una pistola en la cara y repitió la exigencia. Fue el preludio de una mañana de terror».

«Mal, Ringo, John y George recibieron puñetazos y patadas. Paul consiguió esquivar la paliza gracias a que salió corriendo»

Cuando ya en el aeropuerto se dirigían a salidas internacionales, fueron interceptados por una turba de filipinos. «Era obvio que estaban dispuestos a darnos una paliza», escribió Mal. «Nos pisaban los talones, nos daban codazos, y lo último que podíamos hacer era devolverles el golpe».

Pero el chófer de los Beatles no pudo contenerse y acabó tendido en el suelo del aeropuerto con un par de costillas rotas. Brian Epstein, el mánager, terminó con un tobillo fracturado. Mal, Ringo, John y George recibieron puñetazos y patadas. Paul consiguió esquivar la paliza gracias a que salió corriendo.

Mal nunca olvidaría la escena surrealista de verse caminando por la pista de despegue tras la somanta de golpes mientras los asaltantes seguían insultándolos y los fans gritaban «¡os queremos, Beatles!» y arrojaban ramos de flores.

El final a tiros de mal

Mal Evans murió el 4 de enero de 1976, a los 40 años. La Policía le disparó cuatro tiros en su apartamento de California mientras él blandía un rifle, que se negó a tirar al suelo. Momentos antes, Mal –hasta arriba de Valium– había tenido un altercado en su casa con John Hoernie, el guionista que debía contar la historia de su vida. El guionista fue quien llamó a los agentes.

Desde que los Beatles habían dejado de dar conciertos, y a medida que los rumores de ruptura de la banda se extendían, el papel de Mal fue diluyéndose hasta ser apartado de la banda. Su mujer también lo había dejado tras años de infidelidades. Cuando murió, estaba arruinado y llevaba semanas protagonizando incidentes violentos. Sus diarios yacían en el suelo junto al cadáver. Él y John Hoernie intentaban convertirlos en un libro titulado Living The Beatles legend. Cuarenta y siete años después, el libro por fin ve la luz. Ninguno de los Beatles asistió al funeral de Mal.