El espía catalán que logró engañar a Hitler y su valiente esposa, una intrépida mujer de Lugo, son la antesala de la galería de arte madrileña Kreisler. Los descendientes del legendario agente Garbo recuerdan su historia.
Una mañana de 1984, mientras me estaba afeitando y escuchaba el programa radiofónico de Luis del Olmo me enteré de que Juan Pujol, el célebre espía Garbo –mi padre–, había reaparecido y vivía en Venezuela. Habían pasado 50 años y creíamos que estaba muerto. Puede figurarse mi reacción y la de mi familia», recuerda Juan Kreisler.
Juan Kreisler rememora la apasionante vida de su madre, Araceli González Carballo, cofundadora, con el que fuera su segundo marido, Edward Kreisler, de esta legendaria ... sala de arte. Esta inteligente mujer se calló durante años su protagonismo en la trama que ideó su primer marido, Juan Pujol, para engañar a Adolf Hitler durante el desembarco aliado en Normandía.
Araceli González Carballo y Juan Pujol, alias Garbo, se casaron en 1940 y tuvieron tres hijos: Juan, Jorge y María Eugenia. Una vez finalizó la Segunda Guerra Mundial, la familia se trasladó a Venezuela, un país donde Pujol se sentía a salvo de los peligros que lo amenazaban tras su actividad como espía a favor de la Corona británica. Sin embargo, su mujer no se adaptó a la vida en Caracas, lo que motivó la separación del matrimonio. «Mi madre regresó con nosotros a España y unos pocos años después le notificaron que mi padre había desaparecido en Mozambique», recuerda su hijo Juan.
De Juan Pujol, el primer marido de Araceli, se han escrito libros y se han filmado documentales, pero ella quiso permanecer en un segundo plano, a pesar de que tuvo una participación activa en la creación de Garbo, el agente doble que engañó a los servicios secretos nazis. Nacida en Lugo, en 1914, en el seno de una familia acomodada, Araceli se enroló como voluntaria en un hospital de sangre cuando estalló la Guerra Civil.
Meses después logró el puesto de secretaria del gobernador del Banco de España en Burgos, donde Franco había establecido su gobierno.
«En esa ciudad mi abuela conoció a mi abuelo, un catalán que comenzó la guerra en el bando republicano y que luego se pasó a las tropas franquistas. El flechazo fue instantáneo», comenta Tamara Kreisler, nieta de Juan Pujol. Una vez derrotada la República, Juan y Araceli descubrieron la cara oscura del régimen franquista.
Dispuestos a colaborar con los ingleses en la guerra que se avecinaba, se trasladaron a Madrid y ofrecieron sus servicios en la Embajada británica. Al ver que el embajador no los tomaba en serio, Araceli le propuso a Juan que se convirtiera en agente doble. Si lograba introducirse en los servicios alemanes (Abwehr), él cobraría un valor inestimable para los aliados.
Juan se puso a disposición de los alemanes, ofreciéndoles una inexistente red de contactos que supuestamente iba a ser de gran valor estratégico para el Tercer Reich. Los alemanes le pusieron como prueba que consiguiera un visado para entrar en Inglaterra, lo que hizo Pujol sin despeinarse. Pasada la prueba, fue fichado como espía del Tercer Reich bajo el seudónimo de Arabel.
Le ordenaron que se trasladara a Londres, pero Juan no sabía inglés y comenzó a dudar de su osado plan. Araceli lo ayudó a continuar. Ambos hicieron creer a la Abwehr que estaban en la capital británica cuando en realidad se encontraban en Lisboa. «La información que transmitía mi padre a los servicios de espionaje alemanes era una mezcla de noticias de la prensa, de conversaciones de café e historias que oía en la calle», comenta su hijo Juan.
Por pura casualidad, Pujol logró una valiosa información sobre la salida de una flota británica desde el puerto de Liverpool con destino a Malta. A partir de entonces, Arabel fue considerado por los alemanes como un valioso activo. Fue en esos días cuando la creativa Araceli se entrevistó con el agregado naval estadounidense en Lisboa, convenciéndolo de que su marido deseaba colaborar con los aliados actuando como agente doble. Gracias a Araceli, Juan fue tomado en serio por los ingleses, que organizaron su traslado a Londres para formarlo como agente en el MI5 bajo el seudónimo de Garbo.
El mayor logro de Garbo se produjo en la Operación Fortitude. Sus labores de desinformación hicieron creer a Adolf Hitler que el desembarco aliado en Francia (6 de junio de 1944) se iba a producir en Calais, cuando en realidad tuvo lugar 250 kilómetros más al sur, en las playas de Normandía. Cuando finalmente los alemanes descubrieron que los aliados habían tomado tierra en Normandía, Garbo tuvo la suficiente sangre fría para convencerlos de que ese ataque era una distracción y que la verdadera invasión se iba a producir poco después en el Paso de Calais.
Los nazis nunca sospecharon que su espía Arabel era en realidad un agente doble al servicio de la Corona británica. Dos meses después del día D, el propio Hitler firmó la orden para concederle la Cruz de Hierro. Una vez finalizó la Segunda Guerra Mundial, el Gobierno inglés también lo distinguió con la Orden del Imperio británico, aunque Pujol no pudo recogerla. Los servicios de inteligencia británicos le advirtieron de que su vida corría peligro y lo ayudaron a borrar sus huellas, buscándole refugio en Venezuela. Para muchos enemigos del derrocado Tercer Reich, Arabel seguía siendo un espía de Berlín. Entre ellos, los agentes judíos que se habían lanzado a la caza y captura de políticos nazis que habían huido a otros países.
La familia Pujol se trasladó a Caracas en 1945, pero poco después el matrimonio se separó. Araceli regresó a Madrid y se instaló en un lujoso ático de la calle Hermanos Bécquer que Londres le cedió en pago a sus servicios.
«La Embajada utilizaba a mi madre como intérprete para ayudar a los británicos que llegaban a Madrid, algunos se hospedaban en una habitación de nuestra casa. En aquel entonces nos enteramos de que nuestro padre había desaparecido en Mozambique», señala su hijo Juan.
En 1958, la 'viuda' de Garbo se casó con Edward Kreisler, un estadounidense de familia acaudalada que trabajó en Hollywood como doble de Rodolfo Valentino. Era un hombre de mundo, alegre y muy activo al que terminaron adorando los tres hijos de Araceli. Aprovechando el florecimiento turístico en España, Edward abrió una tienda de souvenirs en Madrid. El negocio funcionó tan bien que su mujer le propuso ampliarlo para fundar la Galería Kreisler, que abrió en 1965. En sus cincuenta años de vida, esta sala de arte ha albergado la obra de los principales pintores españoles contemporáneos.
La vida familiar transcurrió sin sobresaltos hasta que en 1984 saltó la gran sorpresa. Cuando la familia se enteró de que Pujol seguía vivo, sus hijos acordaron verse con él en el hotel Majestic. «Fue un momento de llorera continua y de muchos abrazos. Creíamos que estaba muerto y allí estábamos con él. Pasamos unos días estupendos. Nuestro otro padre, Edward Kreisler, era de una familia de origen judío y estaba loco por conocer al hombre que había engañado a los nazis. Se conocieron en Madrid», recuerda Juan. En aquellos días, los tres hijos de Pujol supieron que tenían otros dos hermanos, ya que su padre se había casado con una venezolana.
Treinta y un años después de aquel emotivo encuentro, la tercera generación de la familia Kreisler celebra el cincuentenario de su legendaria galería de arte. La nieta menor de Pujol, Alejandra, que es el vivo retrato de su abuela Araceli, también se ha involucrado en el mundo del arte. La nieta mayor, Tamara, ha creado una galería on-line.
Tamara se carteó con Garbo durante años. Su abuelo siempre le decía que estaba orgulloso de las vidas que había salvado. «Cuando visitó el cementerio de Normandía, quedó impresionado ante la cantidad de cruces del cementerio. No paraba de decir 'tantos muertos, tantos muertos'», recuerda Tamara. «Pero él sabía que con su engaño a Hitler había salvado muchas vidas», añade.
Más de
Polémica revisión de la historia
Judy Clarke
Otra cara de Hollywood
Fernando Goitia
Corredor de Lobito
Fernando Goitia
En otros medios
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia