Sus susurros en la canción Je t’Aime... dieron la vuelta al mundo. Jane Birkin, con su glamour y desinhibición, se convirtió a un tiempo en símbolo sexual e icono feminista en la década de los sesenta. ¿Contradictorio? No para ella, leyenda de la Chanson y protagonista con Serge Gainsbourg de la pareja más ‘sexy’ de la historia.
Por David Baum
Viernes, 10 de febrero 2023, 12:22
Sus gemidos la convirtieron en una estrella mundial. Suenan en Je t'aime... moi non plus, el éxito de 1969 en el que Jane Birkin le canta al amor sin sexo mientras simula un orgasmo junto con Serge Gainsbourg, su amante entonces y leyenda de la chanson mucho antes que ella. La canción fue prohibida en Argentina, Brasil, España, Reino Unido... y, tras excomulgar el Vaticano al ejecutivo que lo lanzó en Italia, Gainsbourg agradeció al Papa su ayuda con las «relaciones públicas». Bombazo y escándalo propulsaron así la fama de Birkin, actriz londinense que debutó en el cine con 17 años y que ya había trabajado en siete películas. Entre ellas, La piscina, con Alain Delon y Romy Schneider; y, sobre todo, Blow-up, cumbre de Michelangelo Antonioni en la que Birkin lo mostraba todo. ¡En 1966!
Ella y Gainsbourg estuvieron juntos 13 años –son los padres de Charlotte Gainsbourg– y las canciones que él le escribió en ese tiempo, adaptadas a ... su voz siempre al borde de la quiebra, cimentaron la leyenda de Birkin como una de las grandes figuras de la música francesa. Birkin revive aquellos años en esta entrevista y reflexiona sobre la fama, el feminismo, el arte y la pérdida; en especial, la de su querido Serge.
XLSemanal. ¿Cómo es la vida de una leyenda? ¿Se despierta y piensa: «Qué fuerte, soy Jane Birkin»?
Jane Birkin. No [se ríe]. Menuda pregunta. Ya era Jane Birkin cuando nadie me conocía y lo era cuando las cosas se pusieron feas. En el día a día, ser una leyenda no te sirve de nada. Pero me alegra que mi voz siga ahí; esta sí que parece no envejecer.
XL. Eso es verdad.
J.B. ¿Sabe lo que no cambia? Lo que siento cuando canto. En el escenario, me siento atemporal, sin edad.
XL. También rodó grandes películas.
J.B. Nunca me gustó ponerme ante la cámara. Los directores y fotógrafos eran tan hábiles que no se notaba. Mi hija Charlotte tiene más talento.
XL. Pero los críticos la valoraban...
J.B. No pienso mucho en la joven que fui, no la encuentro interesante. Mi suerte fue cruzarme con Serge, me beneficié inmensamente de su arte.
XL. Serge Gainsbourg. Para muchos, el músico francés más importante de la segunda mitad del siglo XX.
J.B. Cuando murió, en 1991, recopilé frases de gente sobre él. Godard, Bardot... Todas, conmovedoras. Mitterrand dijo que había sido el poeta francés más grande desde Baudelaire. Solo ahí fui consciente de a quién había tenido a mi lado.
XL. Usted y él siguieron muy unidos después de su divorcio, en 1980.
J.B. En una de sus últimas canciones para mí decía: «You had the best of me». Y es verdad, mientras estuvimos juntos, 'tuve lo mejor de él'.
XL. Pero su talento no dependía solo del de él, ¿verdad?
J.B. Nadie habría descubierto en mí lo que él vio. Grabar Je t’aime... fue casualidad, porque la hizo para Brigitte Bardot (la lanzaron, pero su marido pidió su retirada). La subió una octava para adaptarla a mi voz y eso le dio ese toque tan especial. Le gustaba la fragilidad en mi voz.
XL. Usted fue un símbolo para toda una generación. Eso que cuenta no suena muy feminista…
J.B. Nunca fui combativa. Excepto cuando vivía en Londres e iba con mi padre a manifestaciones contra la pena de muerte. Cuando me fui a Francia, allí también había pena capital y le escribí al presidente para solicitar clemencia para un condenado. Serge lo creyó contraproducente, pero me ayudó con la redacción. El ambiente estaba caldeado, el hombre había matado a un niño. No imagina lo impopular y peligroso que era tomar partido.
XL. Vivió Mayo del 68 en París. ¿Compartía las inquietudes del movimiento?
J.B. Yo venía del Swinging London, que también fue una rebelión popular, aunque muy distinta. Nos ganamos el derecho a una moda nueva. Hoy es difícil de entender, pero la moda entonces era cosa de señoras de la aristocracia con dinero y nosotras luchábamos por el derecho a llevar minifalda y a no tener que vestirnos como quisieran nuestros maridos. Así que lo que pasaba en Francia no me decía gran cosa porque muchos de aquellos temas ya los habíamos superado.
XL. ¿La libertad de las mujeres se encuentra hoy amenazada?
J.B. Siempre hay que mantenerse alerta para no perder las libertades que se han conseguido.
XL. Las jóvenes feministas tienen una mirada crítica hacia la actitud sexy de las mujeres de los setenta...
J.B. Una vez, Libération me acusó de haberme dejado usar en Blow-up. ¡Absurdo! Gillian Hills y yo interpretamos a aquellas dos muñequitas tontas conscientemente. Entendíamos su función en el guion y lo interpretamos desde el arte. Negarnos esa libertad artística es síntoma de una forma de ver el mundo bastante extraña.
XL. ¿Cuándo empezó a ser una artista independiente?
J.B. Cuando empecé a escribir mis canciones y dirigir mis películas. De todos modos, siempre fui una buena intérprete de las canciones de Serge, que expresaba su lado femenino a través de mí. Iba de tipo duro para provocar, pero conmigo sacaba lo contrario. Yo le daba expresión a su lado femenino, frágil, pero la gente no lo veía, solo me veía a mí.
XL. ¿Qué echa de menos?
J.B. A Serge. Al principio pude con ello, pero hoy me cuesta mucho, lo echo terriblemente de menos. Van a transformar su casa en museo y Charlotte está muy implicada, pero es muy duro: sigue presente, pero en realidad no está. En Francia está en todas partes: la literatura, las revistas; hay mil destellos suyos a mi alrededor. Me gustaría que estuviese aquí, con su sentido del humor y su maravillosa peligrosidad.
XL. Cuando se divorciaron, ¿se llegó a emancipar de él?
J.B. Fue como irte de casa de tus padres, sí. Ser libre, poner tus reglas. Me rebelé contra él, pero de forma intuitiva. Cometí muchos errores.
XL. ¿Es usted muy sentimental?
J.B. Todo lo pasado y perdido provoca añoranza. Muchas veces pienso en cómo habría sido todo de haber formado una familia de verdad. Me pasa al ver a parejas mayores felices. O a Charlotte y a su marido, Yvan, que llevan 25 años juntos. Al final no hay nada mejor que envejecer juntos.
XL. En su vida ha perdido a muchas personas queridas. En 2013 se fue Kate, su hija con el compositor británico John Barry, su primer marido. ¿La ayudó transformar ese trauma en canciones?
J.B. No. No quiero superar la muerte de mi hija, no quiero dejarla atrás. Una vez entré en una farmacia en Lyon, compré un set de manicura y se me saltaron las lágrimas; me pasé llorando todo el camino hasta el hotel porque a Kate le gustaba pintarse las uñas. Escribí esa tristeza que me había desbordado y de ahí surgieron unas canciones que se me hace duro cantar. Es una música áspera.
XL. ¿Qué les ha dado a sus hijas?
J.B. Las he animado a ser felices y a buscar una profesión que les guste. Cuando eran jóvenes, sentía miedo por ellas, sabía lo peligroso que puede ser ir a discotecas.
XL. ¿Cómo lo impidió?
J.B. Las ayudé a trabajar en el cine desde muy jóvenes, por varios motivos. Por un lado, los rodajes están muy organizados, la gente está atenta porque, si falta uno, todo se detiene. Además, cuando eres joven, ayuda ponerse en la piel de otros.
XL. ¿Su estrategia funcionó?
J.B. Sabe que sí. Charlotte encontró su voz muy pronto, le encanta actuar, tiene un inmenso talento. El caso de Lou fue más complicado. Un día se sentó en la cocina con su guitarra y se puso a cantar. Pasé un tiempo pensando a quién le podría presentar que pudiera echarle una mano. Al final llamé a Étienne Daho, un músico que había trabajado conmigo, y Lou acabó nombrada mejor cantante del año en Francia. A partir de ahí siguió una carrera muy personal, ya sin nuestra influencia.
XL. Hay mucho talento en esta familia suya…
J.B. Serge también apoyó mucho a Kate cuando quiso dedicarse al diseño de moda, pero no conocíamos a la gente adecuada. Me gustaría haber podido ayudarla más. Kate no tuvo una vida sencilla, creo que tendría que haberme sentido más orgullosa de ella y habérselo demostrado.
XL. ¿Sigue echándose cosas en cara?
J.B. Son siempre las mismas. Tendría que haber obligado a John Barry, su padre, a que la ayudara. Pero no quería andar rogándole nada, así que no lo hice, me parecía impropio de mujeres fuertes. No supe ver que no tenía que pensar en mí, sino en Kate. Éramos sus padres, era nuestra obligación decirle que no tenía que preocuparse. Pero no lo hicimos, y ella estaba siempre preocupada; mucho. Yo quería ser independiente en todo, pero en realidad nunca lo fui porque amaba a Serge.
XL. ¿Qué ha aprendido sobre el amor?
J.B. Una vez oí que el amor es cuestión de ceder, de llegar a acuerdos. A lo mejor es verdad, a lo mejor yo era demasiado celosa, estaba demasiado centrada en mí misma. Ahora, me pregunto si se me da bien compartir. Me temo que no. Lo que habría dado yo por que el amor durara para siempre, pero estoy sola.
XL. ¿Su amor no perdura en todas esas canciones tan maravillosas?
J.B. Quizá, pero me temo que al final se me recordará por este bolso.
XL. ¿Se refiere al Birkin Bag, el bolso que Hermès creó inspirándose en usted en 1981? ¿Cuántos tiene?
J.B. Solo este que ve usted aquí. Y le he añadido detalles personales para que sea mío de verdad.
XL. ¿Cómo se le ocurre pensar que un bolso pueda ser más famoso que todas sus canciones y películas?
J.B. Ríase, pero hace poco le preguntaron a mi hija Lou en Nueva York si su madre era la señora mayor esa del bolso. Cómo me reí. El destino puede ser muy irónico: ni una canción ni una película, todo lo que la gente conoce de mí es este bolso tan grande y tan pesado.
© Stern
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