Gösta Mitttag-Leffler fue un brillante matemático y defensor del acceso de las mujeres a los puestos académicos que les estaban vetados. A él se atribuye la responsabilidad de que no haya premio Nobel de matemáticas. Y fue precisamente por defender a una mujer...
Por Patricia Libertad
Lunes, 28 de noviembre 2022, 15:25
Dicen que Alfred Nobel no incluyó las matemáticas en sus famosos premios porque su mujer tuvo una aventura con un matemático. En los círculos más informados le ponen nombre a este matemático: Gösta Mittag-Leffler. En realidad, Alfred nunca estuvo casado y no hay constancia de que el único amor que se le conoce al Nobel (una joven francesa) coincidiera con Gösta.
¿Por qué la leyenda? Porque sí hubo antipatía entre ellos y una mujer de por medio: Sofia Kovalévskaya.
Gösta, defensor de los derechos de ... la mujer, propuso a Sofia –una joven matemática rusa– como profesora en la Universidad de Estocolmo. El asunto creó mucha controversia y entre los que se opusieron se encontraba Alfred Nobel, el creador de los famosos premios.
Sin embargo, Gösta logró que se la aceptara –aunque en principio sin cobrar– y poco después Sofia se convirtió en la primera mujer catedrática en una universidad del norte de Europa, lo que para algunos era «una aberración».
Mittag-Leffler, nacido en 1846 en Estocolmo, estudió en Upsala, pero recorrió las principales universidades de la época gracias a una beca, con lo que estableció una red de buenos contactos.
Aunque hay un teorema que lleva su nombre, es más conocido por las iniciativas que puso en marcha para impulsar las matemáticas, como la fundación de Acta Mathematica, publicación que hoy sigue siendo de las más prestigiosas del mundo; y la creación de un instituto de investigación que lleva su nombre y que ha contribuido a la gran relevancia de las matemáticas en los países nórdicos. Por eso que un sueco como Nobel desdeñara las matemáticas en sus premios da lugar a leyendas.
Gösta fue su amigo y colaborador. No solo ayudó a lograr la cátedra de la Universidad de Estocolmo, sino que la nombró editora de su Acta Mathematica, lo que la convirtió en la primera mujer al frente de una revista profesional. Sofia resolvió algunos grandes problemas matemáticos de la época. Murió a los 41 años.
La astrónoma del Observatorio de Harvard creó la primera regla para medir el universo: descubrió la relación entre la periodicidad y el brillo de las estrellas. Sabiendo el brillo real y el aparente de una estrella, puede determinarse la distancia a la que se encuentra. Gösta, impresionado, la propuso para el Nobel de Física. Lamentablemente, para cuando llegó la propuesta, Henrietta había muerto.
A Gösta, siempre preocupado por reconocer el genio fuese del sexo que fuese, le indignó enterarse de que iban a otorgarle el Premio Nobel de Física a Pierre Curie e iban a dejar fuera a su mujer, Marie. Así que tomó cartas en el asunto y avisó a Pierre, que tuvo el margen de maniobra suficiente para exigir que incluyeran a su esposa o que se olvidasen de él también. El resultado es de sobra conocido: Marie recibió su merecido reconocimiento.
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