Por Virginia Drake | Fotografía: Carlos Carrión
Viernes, 20 de enero 2023, 11:31
XLSemanal. ¿Por qué siente esta obra tan personal?
Carmelo Gómez. Porque ocurre en un pueblo, como también yo 'ocurrí' en uno, con una determinada ... educación convertida en mandato por un padre muy rígido y un entorno muy duro.
XL. ¿Por qué fue tan duro?
C.G. Era un entorno de campo con un trato hacia los animales más de uso que de pasión y de amor. Para un chaval con una sensibilidad a flor de piel como la mía fue un shock permanente. Y esa es la historia de Pacífico, mi personaje.
XL. Es un texto antibelicista, un alegato.
C.G. Sí, yo detesto la guerra en general, pero también a quienes la añoran porque son un poco primates. Y detesto el comportamiento atávico del hombre, ese gusto que tiene el macho por aniquilar al otro para sobrevivir.
XL. Esta vez, frente a la guerra de Ucrania, aquí estamos todos en el mismo bando.
C.G. Pero me da mucha tristeza ver que todo el mundo está de este lado, unido contra el bastardo llamado Putin y contra todos los barbudos que tiene alrededor, sin poner nada de nuestra parte. Es una actitud muy cobarde por el miedo a que nuestra energía entre en crisis y nos cueste más cara la calefacción. Estamos cambiando armas por calor porque nadie tiene el valor y el arrojo de sufrir lo más mínimo en su confort. Estamos llenos de contradicciones y cinismo, como ha ocurrido con el Mundial de Catar.
XL. ¡Con el fútbol hemos topado!
C.G. Yo estaba deseando que perdiera la selección española cuanto antes y que se volvieran a casa de una santísima vez. No me pareció una fiesta del deporte; allí todo era dinero. Los políticos y los 'fiferos' fueron a Catar a catar, en vez de a luchar por la libertad y los derechos humanos.
XL. Ha dicho: «Estamos votando a los más brutos». ¿De uno y otro color?
C.G. No todos los políticos son brutos, habría que matizar. Pablo Casado me parece una persona inteligente y en sus ojos yo veía mucha esperanza, esa que no veo en los de Feijóo ni en los de Felipe González, que tienen ojos de… ¡Hostia! Ahora mandan los malditos porque la política los transforma.
XL. Sin estar deprimido y llenando aforos, piensa que está ante el final de su carrera.
C.G. Sí, porque cada vez soy más perfeccionista y cuesta mucho sacar cada proyecto adelante. Antes de que el mercado me eche, me iré yo. Como dice Pérez-Reverte, ¡no me cogeréis vivo! De momento, lleno, aunque tardo cinco años en preparar cada nueva obra. ¿Si haré otra? No lo sé.
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«Suelo tomar un chocolate negro, espeso, con muy poca leche, y unas tostadas con aceite de oliva picual Melgarejo, de Jaén, que es de otro mundo».
Sobre la firma
Por Virginia Drake | Fotografía: Carlos Carrión
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