Lo vi por primera vez delante de mí (no jadeen, por favor) en el andén de la estación de metro de The Temple, en Londres. Estaba esperando mi tren para Kensington, había niebla, olía mal, hacía frío. Les doy mi palabra de que allí sentada vi a sir Percy Blakeney con sus ropas exquisitas, sus manos esbeltas sosteniendo su catalejo, oí su discurso perezoso y arrastrado y su risa pintoresca. Fue una visión mental, por supuesto, y duró solo unos segundos, pero toda la historia de la vida de Pimpinela Escarlata se me reveló allí y en ese momento». Así recuerda la baronesa de Orczy en sus memorias el nacimiento del protagonista de sus novelas de La Pimpinela Escarlata.