El nombre de Antonio López Osés no ha pasado a la historia de la fotografía, pero no porque no lo merezca. Simplemente no estaba en el lugar adecuado. Vivió y trabajó en Logroño dedicado a documentar la vida de provincias, lejos de la capital. Pero lo hizo con un grado de perfección y exquisitez que bien le valen el calificativo de 'clásico de la fotografía española'.
Lourdes Gómez
Martes, 19 de marzo 2024, 14:25
Antonio López Osés (1928-1999) fue sargento en aviación en su juventud, y el resto de su vida vivió de las fotos que vendía a las editoriales y de una tienda de decoración en la que se hicieron buena parte de las fotografías-pósteres que decoraban los portales de Logroño en los años setenta. Era tranquilo, observador y solitario. Se casó cumplidos los 50 con Encarna Ruiz, quien tras la muerte del artista pasaría a encargarse del archivo. Teo Martínez, fotógrafo y amigo suyo, lo define como un hombre perfeccionista y, «sobre todo, callado, muy callado».
En los años cincuenta del siglo XX surgen en España las agrupaciones fotográficas de aficionados. López Osés, que como la mayoría es un autodidacta, se ... une a la Asociación Fotográfica de La Rioja. Entre ellos se forman y estimulan, siguiendo los dictados de la época. Arriba, ropa tendida junto al Ebro, en Logroño, en los años sesenta.
López Osés trabajó en diversos formatos a lo largo de su carrera, aunque el cuadrado fue su favorito. Sus primeras imágenes están tomadas con una antigua cámara de fuelle en formato 6 por 9 cm. Luego pasó a una Rolleiflex de 6 por 6 cm, que fue su cámara prácticamente hasta su muerte; en sus últimos trabajos usó también una Hasselblad. En la imagen, una escuadrilla de North American F-86F Sabre en un día de nieve en Zaragoza en los años sesenta. Dejó 40.000 negativos.
En los años cincuenta y sesenta, los fotógrafos españoles más avanzados se reunieron alrededor del grupo Afal (Agrupación Fotográfica de Almería), una asociación de provincias que marcaría el desarrollo de la fotografía en nuestro país. Pero se instalaron en Madrid y Barcelona. Allí, fotógrafos como Colom, Cualladó, Ontañón o Masats marcan las pautas del neorrealismo hispano. Los fotógrafos de provincias apenas tuvieron visibilidad entonces. Arriba, comida popular en la calle del Peso, Logroño.
López Osés trabajó durante años para las principales editoriales, como Everest, Anaya o Salvat, documentando gráficamente La Rioja. Al mismo tiempo participaba en concursos por todo el territorio nacional, que se prodigaban en los años sesenta. No había concurso en el que el nombre de López Osés no estuviera entre los finalistas, y pocos que no hubiera ganado. Arriba, cazadores en 1967.
López Osés fue un fotógrafo «cargado de humanidad», como explican en la Casa de la Imagen y el Instituto de Estudios Riojanos, encargados de recuperar su legado. En la foto, mujeres haciendo ganchillo en Fraga en 1969.
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