Sin miedo a los tiburones. Los tiburones ballena son enormes e inofensivos. Cada ejemplar tiene un patrón de manchas distinto en el lomo, lo que facilita que puedan ser idenfiticados por los pescadores que los alimentan.
Tiburones ballena

Los domadores de gigantes

Sin miedo a los tiburones. Los tiburones ballena son enormes e inofensivos. Cada ejemplar tiene un patrón de manchas distinto en el lomo, lo que facilita que puedan ser idenfiticados por los pescadores que los alimentan.

Los habitantes de un diminuto pueblo filipino han logrado una proeza: 'domesticar' a los enormes tiburones ballena. Su intimidad con estos gigantes de veinte metros atrae a los turistas y los ha salvado de la miseria,  pero también tiene una cara b. Se lo contamos.

por Hannah Reyes Morales

Domingo, 27 de febrero 2022, 01:26

Uno de los colosos se acerca atravesando las tranquilas aguas con su enorme boca abierta de par en par. «¿Dónde te habías metido?», le pregunta Lorene de Guzmán desde su pequeño bote de madera. Conoce muy bien a este ejemplar especialmente grande. Y llevaba semanas sin verlo. De Guzmán deja caer al agua un puñado de cangrejos y raspa con cuidado los depósitos que se han formado sobre la piel del animal. «Has debido de viajar muy lejos…». Todas las mañanas, De Guzmán se introduce con su bote en el mar y da de comer a los gigantes que frecuentan las costas de su hogar, al sur de la isla filipina de Cebú.

Vulnerables. El tiburón ballena –que llega a medir veinte metros– está en la Lista Roja de especies en peligro de extinción. Son tan grandes como inofensivos. Cada ejemplar tiene un patrón de manchas distinto en el lomo, lo que facilita que puedan ser identificados por los pescadores que los alimentan.

En las aguas filipinas hay contabilizados casi 1900 tiburones ballena, la segunda mayor población de esta especie en el planeta. Su número se ha reducido ... a la mitad en los últimos 75 años. Y es en el entorno indopacífico donde se ha registrado un retroceso más drástico. Sin embargo, estos animales migratorios todavía siguen llegando en buen número a las costas de Tan-awan, el pueblo de dos mil habitantes donde vive Lorene de Guzmán. Y vienen porque hace diez años los pescadores empezaron a alimentarlos, lo que a su vez ha atraído hasta este pequeño pueblo a más de un millón de turistas.

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