No son piedras, son morsas, y este es su último refugio
Otro grito de auxilio en la naturaleza

No son piedras, son morsas, y este es su último refugio

Las morsas ya no encuentran placas de hielo donde descansar en su larga migración hacia el sur. Extenuadas, llegan a esta bahía cerca del estrecho de Bering, donde se aglomeran, con terribles consecuencias.

Jean François Lagrot

Viernes, 6 de septiembre 2024, 09:27

El biólogo ruso Maksim Chakilev, al borde del acantilado que domina el mar de Chukchi, escruta con sus prismáticos la inmensidad azul que se estira hasta el estrecho de Bering, un mar antaño helado durante una buena parte del año y sobre el que hoy no flota el más mínimo trozo de hielo.

Hace ya cerca de dos semanas que Maksim y yo aguardamos la llegada de miles de morsas que descienden, cada año, desde el hielo del ... Ártico. Llegan hasta aquí, la bahía rusa del cabo de Serdtse-Kamen, extenuadas. El calentamiento del planeta ha deshecho las plataformas de hielo que les servían de descanso durante su viaje. Una vez en la playa, sin trozos de hielo en los que repartirse, se hacinan en la arena, lo que tiene terribles consecuencias. Las estampidas de pánico que provocan los depredadores, sean los hombres o los osos, causan la muerte de muchas de ellas, sobre todo de las jóvenes y las hembras preñadas, que mueren aplastadas. Al no poder plegar sus grandes colmillos, otras muchas fallecen con el cuello partido. Hasta más de 10.000 morsas pueden morir de esta forma, como ocurrió en 2007.

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