Por José Segovia
Miércoles, 29 de marzo 2023, 13:56
Treparon uno de los muros de la villa olímpica de Múnich el 5 de septiembre de 1972. Eran terroristas palestinos del grupo Septiembre Negro. Asesinaron a dos atletas israelíes y tomaron como rehenes a otros nueve. Las fuerzas de seguridad los rodearon, pero ellos se atrincheraron y afirmaron que solo liberarían a los atletas si Israel excarcelaba a un centenar de presos palestinos.
Tras un frustrado intento de rescate llevado a cabo por la Policía alemana, cuyo resultado fue la muerte de los nueve rehenes israelíes, cinco de ... los ocho terroristas y un agente alemán, los Juegos Olímpicos continuaron adelante. Pero Tel Aviv no olvidó aquella masacre.
Poco después del atentado, la primera ministra israelí Golda Meir ordenó crear la Operación Cólera de Dios para eliminar a los responsables directos e indirectos de la matanza de Múnich y acobardar a los miembros de la Organización para la Liberación Palestina (OLP).
Agentes infiltrados en la OLP identificaron a una treintena de personas involucradas en el atentado de Múnich. El primer asesinato tuvo lugar en Roma en octubre de 1972, cuando dos agentes del Mossad tirotearon a Abdel Wael Zwaiter, que era el representante de la OLP en Italia.
A ese asesinato lo siguieron otros, hasta que el Mossad centró su atención en Mohamed Boudia, director de operaciones de Septiembre Negro en Francia, al que mataron haciendo estallar una mina adosada a su coche.
El siguiente objetivo de los servicios de inteligencia israelíes fue Ali Hassan Salameh, alto dirigente de Al-Fatah. Un comando hebreo creyó localizarlo en Lillehammer, un pueblo noruego, y lo asesinó en junio de 1973. En realidad, la víctima era un camarero marroquí inocente. Aquel error obligó a Golda Meier a suspender momentáneamente la Operación Cólera de Dios.
En su libro Contraatacando, Aaron Klein afirma que el Mossad solo acabó con un terrorista involucrado directamente con el atentado de Múnich y que los auténticos organizadores de aquella matanza se ocultaron en países del Este y naciones árabes. Por su parte, Zvi Zamir, que dirigía los servicios de inteligencia israelíes, declaró que el verdadero objetivo de Tel Aviv no era tanto asesinar a los organizadores de la matanza de Múnich como acabar con la infraestructura terrorista de Septiembre Negro en Europa.
El organizador de los comandos judíos, Michael Harari, afirmó que sus hombres se limitaron a defender a Israel del acoso terrorista.
Septiembre Negro intentó derribar el avión de Golda Meir cuando viajó a Roma para entrevistarse con el Papa en enero de 1973, pero el Mossad frustró el ataque.
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