Desnudando a Frida Kahlo: la vida que revelan sus objetos personales
Zapatos, vestidos, gafas, prótesis, cosméticos...

Desnudando a Frida Kahlo: la vida que revelan sus objetos personales

Tras la muerte de Kahlo, en 1954, su marido, Diego Rivera, puso sus efectos personales en un baño de su casa en México y ordenó sellar su habitación durante 15 años. En 2004, se empezó a revelar el contenido de lo allí guardado y, así, nuevos aspectos de la vida de la genial pintora mexicana.

Fotografías: Ashiuchi Miyako (cortesía Michael Hoppen Gallery)

Domingo, 14 de junio 2015, 14:13

Hasta 2004, con la casa ya convertida en el Museo Frida Kahlo, no se inventarió su contenido. Ishiuchi Miyako, artista japonés, fue invitado a fotografiar más de 300 reliquias. Kahlo sufrió una invalidez toda su vida: primero contrajo polio de niña y luego, a los 18 años, sufrió un terrible accidente de tráfico que alteró su vida por completo. Para camuflar sus limitaciones físicas, ella elaboró un icónico guardarropa. Cuanto más incapacitada estaba, más elaborado era su vestuario. En 1953 le amputaron una pierna y ya no se recuperó. Pero incluso entonces diseñó una pierna protésica. La sencillez de las imágenes de Miyako y el colorido de Kahlo componen un retrato único de la artista.

«Me sentía como una intrusa, ya que ¿qué derecho tenía yo a estar allí con sus cosas? —cuenta la Hilda Trujillo, directora del Museo Frida Kahlo—. Sin embargo, también era importante rescatar y restaurar todo aquello que, si no, se habría perdido»

Este archivo personal estuvo alojado, desde los años 50, en el cuarto de baño de Kahlo en La Casa Azul, el hogar de Ciudad de ... México donde nació, vivió y murió. Desde 1957, la casa es un museo dedicado a su vida y a su obra. Armarios, cajones y baúles de la casa contenían un sinfín de objetos acumulados a lo largo de toda una vida. Hilda Trujillo, Directora del Museo desde 2002, recuerda el momento en que se abrió el baño por primera vez: «Sabíamos que Diego había dado instrucciones de dejar todas las cartas, documentos, libros y cosas que considerara importantes en un solo baño [...] Después hubo peticiones por parte de intelectuales y especialistas en Kahlo para abrir este espacio... Fue en 2004 cuando empezamos a abrirlo todo, fue muy lento, porque no sabíamos lo que había, pero sabíamos que lo que estábamos haciendo era importante y no queríamos perder ni un minuto. A la vez, me sentía como una intrusa, ya que ¿qué derecho tenía yo a estar allí con sus cosas? A veces pensaba que no tenía derecho a hacerlo, que nadie lo tenía. Sin embargo, también era importante restaurar, rescatar [...] las cartas y las fotografías —se habían quedado como estaban, congeladas en el tiempo— y algunos textiles, que estaban en muy mal estado. Se notaba que habían entrado gatos y ratas y los habían roído».

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