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Una fuga de película Oleg Gordievsky, el amigo ruso de Occidente Así huyó de Moscú el espía soviético que llevó al fin de la Guerra Fría

El 16 de julio de 1985, Oleg Gordievsky, un espía ruso al servicio de los ingleses, se presentó en un punto preciso de la avenida Kutuzovsky de Moscú, un lugar que el MI6 británico llevaba años controlando a la espera de un momento como ese: si Gordievsky aparecía por allí con una bolsa de la cadena británica de supermercados Safeway, debía activarse con urgencia su plan de fuga. Había sido descubierto...

Por Ben McIntyre

Lunes, 14 de Noviembre 2022, 16:54h

Tiempo de lectura: 5 min

A las 14:30 horas del sábado siguiente, 20 de julio, un automóvil del cuerpo diplomático británico con agentes del MI6 se detendría en un desvío de la autovía entre Leningrado y Vyborg, 20 kilómetros al sur de la frontera finlandesa, a donde Gordievsky habría llegado por su cuenta. Los coches diplomáticos no se registran en los puestos fronterizos. Los hombres del MI6 meterían a Gordievsky en el maletero y lo llevarían a Finlandia. Este plan de fuga, cuyo nombre en código era Pimlico, estaba considerado como la única forma de sacar a un agente de Rusia.


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Avenida Kutuzovsky de Moscú.

 El plan contemplaba que llevaran hasta a cuatro personas –Gordievsky, su mujer y sus dos hijas– a Finlandia. Los británicos no sabían que el ruso había enviado a su familia al Caspio por su propia seguridad. Considerando la posibilidad de llevar a toda la familia, dos oficiales del MI6 irían en dos coches con sus respectivas esposas al lugar del encuentro.


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Los agentes del MI6 que debían recoger a Gordievsky eran espiados por la KGB, por lo que tenían que fingir que las dos esposas convencían a sus maridos para pasar el fin de semana de compras en Helsinki.


Durante los días de espera, Gordievsky controlaba los nervios con una combinación de tranquilizantes y ron cubano

∇ Irían en automóvil a Leningrado durante la noche, con la idea de llegar a la frontera finlandesa el sábado por la mañana. Para dar credibilidad al plan, uno de los agentes, el jefe del MI6 y su mujer llevarían a su hija pequeña con ellos.


∇ Gordievsky, durante los días de espera, controlaba los nervios con una combinación de tranquilizantes y ron cubano. A través del teléfono intervenido concertó varias citas con amigos y familiares para el fin de semana.


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Tren de Moscú a Leningrado.

El viernes a las 16:00 horas, Gordievsky salió de su apartamento y dio esquinazo a sus vigilantes. El seguimiento de la KGB era intenso pero descuidado. Subió a un tren con dirección a Leningrado. El vagón estaba atestado. Hacia las 21:00 horas tomó una doble dosis de tranquilizantes y se sumió en una duermevela.

A esa misma hora, los dos oficiales del MI6 y sus mujeres pusieron rumbo al norte: el jefe conducía su Saab blanco. Su segundo, un Ford Sierra plateado.


∇ El plan estipulaba que tenían que estar en el lugar de recogida a las 14:30 del sábado. Junto al poste anunciador del kilómetro 836 al sur de Vyborg había un desvío que trazaba una amplia curva, marcado por un pedrusco muy característico. El desvío estaba escondido de la carretera principal por una cortina de árboles. Antes de que se fuera de Londres, el MI6 le había enseñado una fotografía del lugar a Gordievsky.


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Un Saab de los años ochenta. En uno de ellos viajaban los oficiales del MI6 implicados en la fuga.

∇ El agente ruso cogió otro tren a Zelenogorsk, a unos 80 kilómetros de Leningrado. Tuvo que coger dos autobuses más. En el segundo, con destino a Vyborg, no perdía de vista el paisaje hasta que finalmente vio la llamativa roca en el desvío. Se levantó fingiéndose enfermo y pidió al conductor que le dejara bajar. El chófer le miró con extrañeza, pero abrió la puerta. Gordievsky se acuclilló en la cuneta y fingió vomitar. El autobús se alejó por la carretera.


 Los dos automóviles del MI6 se acercaban por el sur. Eran seguidos por un pequeño convoy de coches de vigilancia de la KGB. Un Zighuli azul los seguía desde Leningrado. Pero se le habían unido un vehículo de la Policía y un segundo coche patrulla. Una vigilancia así imposibilitaba la recogida de Gordievsky.


Se levantó fingiéndose enfermo y pidió al conductor que le dejara bajar. El chófer le miró con extrañeza, pero abrió la puerta. Gordievsky se acuclilló en la cuneta y fingió vomitar. El autobús se alejó

El jefe del MI6, que conducía el primer coche, se preparaba para cancelar el operativo cuando tuvieron que detenerse a unos tres kilómetros del punto de encuentro; un convoy de carros de combate bloqueaba el paso. Cuando el último de los tanques terminó de pasar, el agente británico puso el Saab en marcha y aceleró, seguido por el Ford. La carretera era recta, los vehículos de la KGB no eran tan veloces como los del MI6, y los británicos sacaron una ventaja de 500 metros en segundos. Al girar, vieron el pedrusco. El primer conductor pensó que tenían tiempo de desviarse antes de que los soviéticos apareciesen. Los dos coches torcieron de repente y se colocaron tras la cortina de árboles. Unos segundos después, los vehículos de la KGB pasaron de largo por la carretera.


Los británicos se habían presentado a la cita con 17 minutos de retraso sobre la hora convenida. Una figura desastrada apareció entre la maleza. «¿Qué coche?», preguntó en ruso.


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Carretera a Vyborg.

∇ Entregaron a Gordievsky una botella de agua y un receptáculo en el que orinar. El ruso se metió en el maletero del Ford. La recogida había llevado menos de 80 segundos.


 Unos minutos después pasaron junto a los automóviles de la KGB estacionados en el arcén. Sus ocupantes se quedaron perplejos, pero también aliviados. ¿Informarían sobre la breve desaparición de los coches diplomáticos o pensarían que sus ocupantes se habían detenido a hacer sus necesidades? En el paranoico mundo de la burocracia soviética había que ser muy valiente para reconocer un error. Los coches de la KGB volvieron a la carretera, se situaron por detrás y el convoy siguió en marcha como antes.


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Frontera con Finlandia.

 Gordievsky notó que el coche aminoraba y se detuvo. Estaban en la frontera. Los dos oficiales del MI6 se encaminaron al control de pasaportes. Dos policías soviéticos se acercaron con sendos perros para que olieran los vehículos.


La mujer del jefe del MI6 improvisó. Cogió a su bebé y se puso a cambiarle los pañales sobre el maletero del coche en el que se ocultaba Gordievsky. Dejó que el pañal cayera al suelo delante de los dos perros

 La mujer del jefe improvisó. Cogió a su bebé y se puso a cambiarle los pañales sobre el maletero del segundo coche, donde se encontraba Gordievsky. Dejó que el pañal cayera al suelo delante de los dos perros. El olor camufló todo efluvio procedente del coche.


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Reagan felicita a Gordievsky.

∇ Después de lo que a Gordievsky le parecieron horas, pero que fueron minutos, el Ford volvió a arrancar y fue acelerando poco a poco. Gordievsky se encontraba ya en Finlandia. Había llegado y era libre.


© Ben McIntyre (The Times/News Syndication)


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