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Las fotos de Mauthausen Los españoles que burlaron a los nazis (y salvaron miles de imágenes del horror)

Francesc Boix y Antonio García fueron prisioneros en Mauthausen. Encargados del servicio fotográfico del campo, lograron salvar miles de imágenes que mostraban el horror nazi. ¿Por qué acabaron enfrentados después de la guerra? ¿De qué se acusaban?

Por José Segovia

Había que ser muy valiente y muy astuto para burlar a los SS y a los 'kapos' de un campo de concentración nazi. Dos españoles, Francesc Boix (en la foto de apertura) y Antonio García, fueron capaces de hacerlo. Escondieron negativos de imágenes del campo de Mauthausen y lograron preservar así pruebas cruciales de aquel espanto.

Poco después de ser internado en aquel agujero negro, Boix pasó al servicio fotográfico de identificación de prisioneros del campo (Erkennungsdienst), en el que ya trabajaba Antonio García, miembro del PCE, como Boix. Luego se sumó a ellos José Cereceda. La labor de los españoles era revelar las fotos que hacía un SS llamado Kornacz, hasta que este fue enviado al frente del oeste en junio de 1941.

A partir de entonces, el SS Paul Ricken fue el encargado de tomar las instantáneas de los prisioneros que llegaban a Mauthausen y de los que fallecían extenuados o eran asesinados, así como de los oficiales alemanes que visitaban las instalaciones del campo, entre ellos Heinrich Himmler.

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Fotógrafos nazis. Tres suboficiales de las SS tomaban imágenes del campo. Un grupo de prisioneros, entre los que había españoles, debía revelar aquellas fotos. Lograron sacar de allí miles de imágenes como esta de un recluso electrocutado en una de las alambradas del campo.| CORTESÍA EDICIONES DEL VIENTO / MHC - FONS AMICAL DE MATHAUSEN

Boix y García tenían instrucciones de hacer cinco copias de cada fotografía: una para el archivo de Mauthausen y el resto para ser enviadas a Linz, Viena, Berlín y Oranienburg. La maquinaria burocrática del régimen nazi quería tener constancia de todo lo que se hacía en el Reich, lo que incluía las atrocidades que se cometían en los campos.

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Tras la liberación. Mujeres supervivientes de Mauthausen. Fotografía tomada por Francesc Boix en mayo de 1945, poco después de la liberación del campo.

Sin embargo, aquel protocolo cambió cuando se produjo la derrota de la Wehrmacht en Stalingrado en 1943. Temerosos de que las divisiones del Ejército Rojo los descubrieran, los jerarcas nazis ordenaron a los responsables de los campos que eliminaran todos los archivos y material fotográfico que pudieran incriminarlos en el futuro.

Pasaron por alto la audacia de Boix y García, que poco tiempo después de ser adscritos al servicio de fotografía de Mauthausen decidieron hacer copias de aquellas fotos aberrantes y esconderlas para que, llegado el momento, pudieran ser utilizadas contra los nazis. A ese material, Boix añadió 2000 negativos que sustrajo de los archivos del campo.

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Trabajo y humillación. Además de a trabajar como picapedreros, a estos ucranianos los obligaban a formar y hacer sesiones de gimnasia desnudos.

Boix y García contaron con la colaboración de un grupo de prisioneros españoles que cumplían condena en régimen de libertad vigilada, lo que les permitía ir al pueblo de Mauthausen sin levantar sospechas. Ellos fueron los que sacaron las fotos del campo para entregárselas a Anna Pointner, una joven de la localidad que escondió el valioso botín en el hueco de una pared de piedra de su propia casa.

Pero ¿quién era Francesc Boix? Este joven barcelonés trabajó como fotógrafo en diversas publicaciones durante la Guerra Civil española y fue uno de los miles de republicanos que cruzaron la frontera francesa poco antes de la victoria de los franquistas el 1 de abril de 1939. Algunos se integraron en el Ejército francés para enfrentarse a los ejércitos alemanes, pero cuando estos invadieron el país vecino muchos fueron detenidos y conducidos a Mauthausen, por donde pasaron 200.000 prisioneros de distintas nacionalidades, de los cuales casi la mitad murió.

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La cantera de la muerteEl trabajo en la cantera de Mauthausen era infernal. Unos 7000 españoles fueron internados en aquel campo. Solo lograron sobrevivir unos 2500.

La arriesgada actuación de Boix ha llegado a nuestros días gracias al libro El fotógrafo del horror, del historiador Benito Bermejo, que describe cómo se salvaron de la destrucción las imágenes que testimoniaban los crímenes nazis en Mauthausen. En 2005, Bermejo desenmascaró a Enric Marco, el supuesto presidente de la asociación de deportados de Mauthausen, que resultó ser un impostor, ya que nunca estuvo preso en dicho campo.

Además, el historiador David Wingeate Pike presentó el libro Dos fotógrafos en Mauthausen (Ediciones del Viento), en el que pone en tela de juicio la heroica actuación de Francesc Boix. Sus páginas recogen las graves críticas que vertió Antonio García y contra su compañero de cautiverio, al que acusó de mantener estrechas relaciones con los guardias y los SS del campo y de haberse apoderado de las 200 copias que él había guardado.

«Claro que tuvo miedo. Mi padre no fue un héroe, y Boix tampoco», afirma el hijo de Antonio García

Pike recuerda que, poco antes de que acabara la guerra, García cayó enfermo y permaneció un mes en la enfermería del campo. Cuando se incorporó al servicio fotográfico, descubrió que sus fotos habían desaparecido. Boix le dijo que se las había dado a los responsables de la dirección clandestina de los comunistas del campo para que las sacaran y ocultaran hasta la caída del régimen nazi.

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Heroína austriaca. La austriaca Anna Pointner escondió en su casa de Mauthausen las fotografías robadas por los españoles. En la foto –hecha por Boix–, Anna con sus hijas.

En la inmediata posguerra, «el PCE convirtió a Boix en un héroe y a Antonio García en un trotskista, un débil de espíritu o un desafecto», escribe el historiador británico. «Nunca, nunca más volvería a tener fe ciega en el Partido ni en sus miembros. Salí de allí como un gato escaldado», aseguró García años después. «Ciertamente, García era un disidente y un marginado, pero el Partido nunca lo expulsó ni él tampoco renunció (hasta su muerte en julio de 2000)», recuerda Pike.

García acusó a Boix de haber congraciado con los verdugos. Lo llamó «intrigante y soplón»

Con el ánimo de rebajar la tensión que este desacuerdo había creado en el seno del PCE, unos camaradas del Partido propusieron a García que su nombre apareciera con el de Boix como los dos héroes que habían aportado las pruebas definitivas de los horrores ocurridos en el campo. Pero este se negó en redondo: «Ni mi nombre junto al suyo ni solo mi nombre. Estoy en contra del culto a la personalidad. Lo que importa –respondió García– es que se desenmascare el verdadero carácter de Boix, su comportamiento en Mauthausen y sus relaciones con las SS», desvela Pike en su libro. García acusó a Boix de haberse portado mal con sus compañeros de cautiverio y de habérselas ingeniado para congraciarse con los verdugos del campo. Siempre «lo tildó de intrigante y soplón», señala el historiador británico.

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Pruebas en Núremberg. Francesc Boix fue testigo en los juicios a los criminales nazis. Las fotos que salvaron los españoles fueron una prueba fundamental de la masacre nazi.

Tras la derrota del Tercer Reich, Boix fue requerido para que ofreciera su testimonio en los dos procesos contra los criminales de guerra nazis que se celebraron en Núremberg y Dachau. En su primera comparecencia, la tarde del 28 de enero de 1946, Boix se enfrentó a la pregunta envenenada que le hizo Ludwig Babel, abogado defensor de uno de los SS que controlaban el campo: «¿Fue usted un kapo [preso colaboracionista a cambio de privilegios]?». «Efectivamente, Boix había sido kapo en el Erkennungsdienst, pero sabía que eso era un estigma, y por eso lo negó», asegura Pike.

Por su parte, el historiador Benito Bermejo afirma que sin la valiente actuación de Boix no se habrían salvado las fotos porque «García estaba permanentemente aterrorizado», según otros presos. Su relación con Boix se quebró en la inmediata posguerra, cuando este vendió las fotos a una agencia de prensa y se quedó con el dinero.

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Imposible escapar. Un prisionero asesinado en un intento de fuga. La foto la tomaron miembros de las SS del campo. Berlín ordenó destruir después esas imágenes.

«¡Todo el mundo tenía miedo! Si alguno dijo que no tenía miedo, mentía. Para un SS, la vida de un prisionero no tenía ningún valor. Mi padre no fue un héroe, pero Boix tampoco. Los dos hicieron lo que pudieron», declaró a XLSemanal Claude García, el hijo de Antonio.

¿Es posible que el resentimiento llevara a García a exagerar los supuestos defectos de su compañero en Mauthausen? García repitió de forma machacona que su compañero de cautiverio no tenía apenas conocimientos de fotografía. Pero las instantáneas que tomó el 5 de mayo de 1945, cuando las tropas de la XI División blindada del III Ejército de Estados Unidos liberaron el campo, demuestran que Boix era un buen fotógrafo.

Su repentina muerte en París en 1951 impidió que pudiera defenderse de las acusaciones de García. Aparte de la mala relación que existió entre ambos, lo importante es que dos españoles arriesgaron sus vidas para proporcionar pruebas de las atrocidades nazis.

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