Animales de compañía

Timoteca cientifista

Viernes, 7 de julio 2023, 09:08

Me pareció muy luminoso un reportaje de Manuel Ansede, publicado hace algunas semanas en el diario El País, donde se denunciaba el «lado más oscuro de la ciencia» y se desnudaba la lóbrega realidad de la ‘producción’ académica. Ansede llegaba a identificar a un profesor español que había publicado durante el pasado año la friolera de 176 estudios científicos (los celebérrimos papers); es decir, un estudio cada dos días (con domingos incluidos, pues estos caraduras, más laboriosos que el mismísimo Dios, no descansan al séptimo día). Y, a su zaga, había varios estajanovistas del timo que evacuaban más de un centenar de estudios anuales.

Así, engordando currículos académicos con bazofias, se reparten hoy cátedras en España

Ansede afirmaba en su reportaje que un investigador concienzudo publica «una decena de artículos al año como mucho». Diez se nos antoja una cifra desorbitada, ... pues una investigación concienzuda exige mucho tiempo; pero el mefítico sistema de promoción universitaria se ha hecho depender insensatamente del número de publicaciones, azuzando el refrito, la proliferación de banalidades charlatanescas, el batiburrillo fragmentario, la exposición por entregas de una misma investigación estirada como el chicle, etcétera. Un investigador que desea hacer carrera académica es obligado a publicar en las ‘revistas científicas’ del ramo un fárrago abrumador de trabajos casi siempre prescindibles, casi siempre inanes, casi siempre de recuelo. Esta evaluación ‘al peso’ del trabajo científico acaba, inevitablemente, incubando timos tan variopintos y pasmosos como los de esos profesoruchos que completan un paper cada dos días. Pero, sobre todo, nos depara un paisaje desolador: la universidad concebida como timoteca a granel o –como la describe uno de los profesores denunciantes entrevistados en el reportaje–«macrogranja de gallinas ponedoras de estudios». Falsos estudios, convendría precisar; pues nadie puede completar un estudio sustancioso y dilucidador en dos días, ni tampoco en quince, ni siquiera en cien. Aquella pesadillesca Biblioteca de Babel concebida por Borges, al lado de este ingente fárrago fraudulento, se nos antoja una sucursal del Paraíso.

Contenido exclusivo para suscriptores
La Voz
Suscríbete
para seguir leyendo
Lee sin límites toda la información, recibe newsletters exclusivas, accede a descuentos en las mejores marcas y muchas más ventajas

Sobre la firma

Escritor y premio Planeta en 1997

Publicidad

Noticia Patrocinada

Más de xl semanal

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios

hoy Timoteca cientifista