Animales de compañía

Vocación y mundo

Viernes, 2 de diciembre 2022, 14:52

Leo que Sor Cristina, la monja siciliana que alcanzó fama planetaria participando en la variante italiana del concurso musical La Voz, ha colgado los hábitos. Tras abandonar la vida religiosa, Cristina Scuccia –que así se llama la mujer debajo de la toca– se ha instalado en España, donde «sigue cultivando su pasión por la música». En su día, las actuaciones de Sor Cristina en el célebre concurso televisivo se volvieron ‘virales’, concediéndole una efímera fama mundial; pero, como ella misma reconoce en una entrevista reciente, «esta exposición mediática fue el motor de muchos interrogantes» que, durante la plaga coronavírica, «cuando todo se detuvo», se volvieron torturantes. Sor Cristina resolvió entonces que la vida religiosa no la hacía feliz y abandonó el convento, para terminar trabajando de camarera en España. El mundo siempre actúa del mismo modo: primero nos seduce, después nos abandona, después de arruinar nuestra vocación.

Toda vocación espiritual requiere un apartamiento del mundo, y cuanto más exigente es esa vocación, más radical el apartamiento

Llama la atención que fuese precisamente durante los meses del confinamiento, cuando el mundo se pareció más que nunca a un convento, sin ruido ni ... agitación ni distracciones mundanas, cuando Sor Cristina decidió colgar los hábitos. El estrépito de la fama, con su cortejo de aplausos y trasiegos, había invadido su alma; y en cuanto le faltó ese estrépito descubrió que el antiguo fuego se le había extinguido. Pero lo cierto es que el estrépito de la fama es por completo incompatible con una vocación religiosa, como muestra el propio Jesús, que durante los años de su vida pública siempre solicitaba, tanto a sus discípulos como a las personas beneficiadas por sus curaciones, que le guardasen el secreto, que no revelasen a nadie quién los había curado. Cuando, tras la multiplicación de los panes y los peces, la multitud quiere proclamarlo rey, Jesús se escabulle, desdeñando la fama; y lo mismo sucede en otras ocasiones, en tantas que los exegetas han dado en denominar dicha actitud ‘secreto mesiánico’.

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Escritor y premio Planeta en 1997

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