Animales de compañía

'La máscara moral'

Viernes, 25 de noviembre 2022, 15:19

Así ha titulado Edu Galán su más reciente obra, publicada por la editorial Debate, en la que disecciona un fenómeno que amenaza con esterilizar por completo a las sociedades contemporáneas. El derrumbe de la moral compartida que antaño vertebraba y cohesionaba a las sociedades propició la floración de un individualismo euforizante, un espejismo de autosuficiencia personal que las llamadas ‘nuevas tecnologías’ no han hecho sino agigantar. Y, en volandas de estas ‘nuevas tecnologías’, potenciada por las redes sociales, se ha impuesto una nueva forma de impostura o ‘postureo’ moral que desborda y deja chiquita la hipocresía de antaño (que no era más que el homenaje que el vicio rendía a la virtud), que se traduce en un exhibicionismo furioso de presuntas cualidades personales que implican la crítica de otros comportamientos que no se adaptan a ellas. De este modo, las redes sociales se convierten en herramientas para el control moral de las personas, a quienes se celebra cuando su conducta se adapta a los ‘valores’ impuestos desde Silicon Valley y se execra cuando osan apartarse de ellos.

En su ameno y clarividente ensayo, Edu Galán nos propone diversos ejemplos de impostura moral que han adquirido carta de naturaleza

Pero el embrujo tecnológico hace creer a estas personas alienadas que son ‘protagonistas’ de su vida, que sus automatismos morales son valiosas elecciones personales, cuando ... en realidad no hacen sino reproducir estereotipos y códigos gregarios de conducta impuestos globalmente. Así, el mundo se convierte –en palabras de Galán– en un «teatro con miles de máscaras donde todos los personajes quieren ser los protagonistas»; y para obtener el aplauso del público, todo estará permitido, desde airear nuestras intimidades hasta señalar al réprobo, en un remolino de ansiedad emotivista que, a la vez que nos hace sentir ‘buenos’, nos obliga a mimetizarnos con la impostura moral reinante, en una pantomima agotadora: pues por un lado nos empuja al autoritarismo y la simplificación, nos instala en el prejuicio y la superioridad moral; pero por otro lado nos llena de miedos y vergüenzas (puesto que íntimamente sabemos que estamos representando una mascarada) que acaban estallando, tarde o temprano. Puesto que nunca estamos a la altura del papel que representamos, acabamos quebrándonos interiormente, o recurriendo a las autojustificaciones más peregrinas para no ser señalados, como antes hemos hecho nosotros con otros cuya debilidad no hemos perdonado.

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Escritor y premio Planeta en 1997

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