Animales de compañía

Humanidades

Viernes, 3 de febrero 2023, 09:32

Una de las calamidades más características de nuestra época es la imposición de criterios puramente utilitarios en la transmisión del saber. Puesto que el saber ocupa lugar –parece haber concluido la moderna pedagogía–, circunscribamos su transmisión a aquellos aspectos que garanticen nuestro éxito profesional y nos proporcionen un rédito inmediato. Inevitablemente, todas las disciplinas que explican nuestra genealogía cultural han sido relegadas a los desvanes de la incuria; o siquiera postergadas, como antiguallas inservibles, en favor de disciplinas enfocadas a la consecución de ‘fines prácticos’. Pero desgajar la transmisión del saber del conocimiento de nuestra genealogía cultural nos condena a la intemperie más cruel, que es la de quienes no saben explicarse a sí mismos; la de quienes no pueden conocer en profundidad el tiempo presente porque lo han vaciado del tiempo pasado que lo explica.

La intemperie más cruel es la de quienes no pueden conocer el tiempo presente porque lo han vaciado del tiempo pasado que lo explica

Nos quejamos con frecuencia del deterioro que sufre nuestra lengua, de las patadas que cada día se le propinan desde los medios de comunicación, del ... vocabulario cada vez más esmirriado con que se expresan las nuevas generaciones, del bajísimo nivel de lectura comprensiva que los alumnos españoles exhiben cada vez que son sometidos a pruebas en competencia con alumnos de otros países. Y nunca se concluye que tales males son expresión de una misma calamidad, que en su origen se explica por el menosprecio y arrinconamiento de las Humanidades. Se inició esta labor sórdida con las lenguas clásicas, por constituir un petulante desafío al utilitarismo y a la pedagogía de la facilidad, tal vez las dos mayores lacras de la educación moderna. Pero en las lenguas clásicas anidan los secretos más íntimos de nuestras lenguas romances (su sintaxis y su gramática, su música secreta y su forma dialéctica), también la llave de todo nuestro universo moral y espiritual: desde los géneros literarios hasta los conceptos de persona y familia, desde el derecho hasta la liturgia religiosa se formularon en griego y latín. Al postergar las lenguas clásicas de nuestra enseñanza se estaba abogando por crear nuevas generaciones sin identidad y sin arraigo, permeables a todas las formas de ingeniería social inventadas o por inventar.

Contenido exclusivo para suscriptores
La Voz
Suscríbete
para seguir leyendo
Lee sin límites toda la información, recibe newsletters exclusivas, accede a descuentos en las mejores marcas y muchas más ventajas

Sobre la firma

Escritor y premio Planeta en 1997

Publicidad

Más de xl semanal

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios

hoy Humanidades