Animales de compañía

Descarnado egoísmo

Viernes, 24 de noviembre 2023, 10:18

Confieso que me hicieron reír las merengosidades incluidas en el preámbulo de la ley de amnistía. Según se leía allí, entre otras farfollas tan grandilocuentes como irrisorias, la ley tiene como objetivo «garantizar la convivencia dentro del Estado de derecho y generar un contexto social, político e institucional que fomente la estabilidad económica y el progreso cultural y social». Pero todos sabemos que, en realidad, la amnistía a los indepes se ha concedido para que el doctor Sánchez pudiera sumar los votos necesarios para la investidura. Sin embargo, confesar descarnadamente tal indecencia resulta demasiado insoportable a quienes la perpetran; y necesitan convertirla en lo que antaño la teoría política llamaba 'razón de Estado', que como afirmaba con gracejo Pemán no esconde otra cosa sino la «real gana» del gobernante. Precisamente para ocultar esa 'real gana' del gobernante se creó ese concepto maquiavélico de 'razón de Estado', que hoy tampoco resulta soportable, porque se ha esgrimido siempre que los gobernantes deseaban perpetrar impunemente una fechoría. Así que, para evitar esta cínica alusión a la 'razón de Estado', se recurre a todo tipo de declaraciones altisonantes y merengosas, que hoy son (risum teneatis) la «garantía de la convivencia» y el «fomento de la estabilidad económica y el progreso cultural y social», como en otras épocas y contextos se apelaba a la integridad de la raza o a la defensa del proletariado.

La 'razón de Estado' no existe. Existen las razones humanas, y hasta el ladrón, el asesino y el proxeneta tienen sus razones

Pero la 'razón de Estado' no existe, ni en su versión más descarnada ni en las versiones merengosas que la maquillan. Existen las razones humanas, ... que suelen ser tantas como hombres habitan la tierra; pues hasta el ladrón, el asesino y el proxeneta tienen sus razones, lo mismo que el gobernante (y hay gobernantes cuyas razones son todavía más reprobables que las de ladrones, asesinos y proxenetas). Las razones humanas se distinguen básicamente en dos grupos: razones de pura supervivencia y razones que logran trascender la pura supervivencia (sin descartarla ni rechazarla necesariamente). Las razones de pura supervivencia son comunes a todos, pues el instinto más cierto de cualquier persona consiste en aferrarse a la vida y en rechazar la muerte; y en los hombres viles estas razones se acaban convirtiendo en descarnado egoísmo que se desentiende del bien de los demás y que, incluso, puede llegar a desear su mal, con tal de asegurarse la supervivencia. Las personas nobles, por el contrario, sin dimitir de su instinto de supervivencia, logran trascenderlo en mayor o menor medida con razones más altas que reprimen la tentación egoísta, en beneficio de los demás. Y en algunos pocos espíritus privilegiados, estas razones de pura supervivencia pueden ser incluso acalladas del todo por otras razones más altas, hasta el punto de la inmolación. Pero esta entrega máxima, que exige trascender de forma absoluta el instinto de supervivencia, exige ayuda divina.

Contenido exclusivo para suscriptores
La Voz
Suscríbete
para seguir leyendo
Lee sin límites toda la información, recibe newsletters exclusivas, accede a descuentos en las mejores marcas y muchas más ventajas

Sobre la firma

Escritor y premio Planeta en 1997

Publicidad

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios

hoy Descarnado egoísmo