Mi hermosa lavanderĆa
La verdad sobre los Epstein Files
Para una parte de la población norteamericana, especialmente para aquellos que se alimentan de la incomprensible certeza de que todo estĆ” conectado (digamos, el sector mĆ”s entregado a la mitologĆa conspiranoica y a la gorra roja con las siglas MAGA bordadas en blanco), estos documentos son la Piedra Rosetta. Pasan dĆas con el ceƱo fruncido, buscando entre e-mails y dosieres y documentos la prueba irrefutable de que la Tierra es plana, o de que la subida del precio del gas tiene un origen reptiliano y no solo económico. Un dĆa se publican 23.000 documentos y se deja caer que existen miles mĆ”s, con lo cual ya los tenemos mĆ”s en ascuas que nunca.
«Buscan con una saña que me resulta incomprensible las pruebas fehacientes (”como si hicieran falta!) de que el presidente que han elegido por segunda vez es un sobón rijoso y cosas peores»
Es su necesidad vital: el mal debe ser complejo, el complot debe ser profundo. No puede tratarse solo de un monstruo rico y repugnante y sus no menos repugnantes amigos de Mar-a-Lago intercambiando recetas de viagra y chistecitos baratos. No.
Debe haber una clave oculta, una referencia a los templarios o a los masones, una coordenada satÔnica que solo ellos pueden desentrañar. Buscan también con una saña que me resulta incomprensible las pruebas fehacientes (”como si hicieran falta!) de que el presidente que han elegido por segunda vez es un sobón rijoso y cosas peores.
Y ahĆ reside la ironĆa, porque al excavar con esa fe ciega del devoto se toparĆ”n con la verdad mĆ”s desoladora y, a la vez, mĆ”s absurdamente humana. Porque estoy convencida de que si uno bucea lo suficiente en ese laberinto de desazón y jet lags corporativos, entre los miles de transcripciones de conversaciones aburridas de machos elogiĆ”ndose mutuamente la hombrĆa, encontrarĆ”n anexos que son la quintaesencia de lo inesperado. En la carpeta 7G, por ejemplo, mĆ”s allĆ” de los diagramas de offshores y las agendas de contactos, donde si no estĆ”s no eres nadie, van a encontrar el Archivo de lo Perdido. AsĆ es: la vasta infraestructura de Epstein no solo movĆa personas y dinero, sino que, de alguna manera, se convirtió en el sumidero universal de todo lo que la humanidad ha extraviado.
Todos los paraguas negros abandonados en los autobuses, en los cines, en las salas de espera de los dentistas, sin que nadie volviera a buscarlos, humillados por su inutilidad en el primer rayo de sol. Todos los guantes sueltos que cayeron de un abrigo mientras la mano que los llevaba respondĆa un mensaje urgente. El guante derecho buscando eternamente a su compaƱero zurdo. Y, por supuesto, cada calcetĆn huĆ©rfano que una lavadora en cualquier punto del planeta se tragó para siempre, dejĆ”ndolo solo con la certeza de que nunca mĆ”s volverĆa a formar pareja.
Buscan la prueba del control mental global, la tienda de kebabs que vino a sustituir a la pizzerĆa desde donde los demócratas traficaban con bebĆ©s, la fórmula de la inmortalidad o el código cifrado que active la próxima pandemia. Pero lo que van a encontrar es esto: la prueba de que, incluso en el centro de la maldad, el universo solo se preocupa de acumular las pequeƱas minucias. Un catĆ”logo de despidos y pĆ©rdidas cotidianas.
Es la verdad mĆ”s aburrida y real: el mundo es caótico y tu calcetĆn rojo, al final, no estaba en el Deep State, estaba en los Epstein Files.
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