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Los hermanos Winklevoss (que pleitearon por la autoría de Facebook) fueron el primer reclamo de las criptomonedas. Ahora se han deshecho de su inversión.
Los hermanos Winklevoss (que pleitearon por la autoría de Facebook) fueron el primer reclamo de las criptomonedas. Ahora se han deshecho de su inversión.

Inversiones

Las criptomonedas ya no molan (pero se aferran como nunca al poder)

Bitcoin ha perdido un tercio de su valor desde octubre, y el mercado entero de las criptos ha caído de 4 billones de dólares a 2,3. Pero lo más llamativo no es el desplome, sino su cambio de 'identidad'. Se vendieron como una rebelión. Ahora son un producto financiero más. Y ¿qué pasa cuando un activo pierde la mística que lo sostenía?

El tipo tiene un rancho de bisontes en Wyoming. También tiene un helicóptero Blackhawk, un jet privado, una clínica de medicina regenerativa y la convicción de que un meteorito caído en el Pacífico fue fabricado por una civilización extraterrestre. Se llama Charles Hoskinson, tiene 38 años, estudió Matemáticas y en 2013 cofundó Ethereum, la plataforma de la segunda criptomoneda del mundo por capitalización de mercado. Lo echaron al año siguiente porque quería convertir aquello en una empresa con ánimo de lucro y Vitálik Buterin, el otro fundador, prefería una fundación sin ánimo de nada. Se marchó dando un portazo y fundó Cardano, otra plataforma blockchain para operar con criptomonedas, en 2017, y desde entonces se dedica a decir en público lo que muchos en su industria murmuran en privado.

En febrero Hoskinson dijo al The Economist: «Nos hemos convertido en parte del sistema. ¿Y sabes qué hace el sistema cuando te conviertes en parte de él? Te quita lo cool». Mike Bird, el corresponsal en Wall Street del semanario, remató la idea en el mismo pódcast con otra frase que podría ser el epitafio de toda una era financiera: «Las criptos han sobrevivido a todos los crashes. Pero nunca habían tenido que sobrevivir al aburrimiento».

Kim Kardashian promocionó en Instagram un token llamado EthereumMax —una criptomoneda alternativa; las hay a miles— sin decir que le habían pagado 250.000 dólares por hacerlo; la SEC la multó con 1,26 millones.
Kim Kardashian promocionó en Instagram un token llamado EthereumMax —una criptomoneda alternativa; las hay a miles— sin decir que le habían pagado 250.000 dólares por hacerlo; la SEC la multó con 1,26 millones.

Hoskinson no habla de si Ether o Bitcoin van a subir o a bajar, sino de qué pasa cuando un activo financiero que se vendió siempre como identidad, como gesto contra el sistema, pierde la mística que lo sostenía. Porque las criptomonedas no tienen dividendos ni flujo de caja ni respaldo de ningún gobierno ni utilidad cotidiana para el 95 por ciento de sus dueños. No puedes comprar con ellas en casi ninguna tienda, aunque sí puedes usarlas para apostar a si Trump acabará lanzando una bomba atómica sobre Irán en Polymarket. Lo que tienen –lo que tenían– es una historia. Y la historia ya no mola.

En 2018, alguien en la web Alternative.me decidió que el mercado de las criptomonedas necesitaba un termómetro emocional. Tomó la idea del Fear & Greed Index de la CNN para la Bolsa –un indicador que mide si los inversores actúan movidos por el miedo o por la codicia– y lo adaptó al ecosistema cripto. El índice analiza la volatilidad de Bitcoin, el volumen de transacciones, lo que la gente dice en X (antes Twitter)... Todo se sintetiza en un número del 0 al 100.

«Las criptos han sobrevivido a todos los 'crashes'. Pero nunca habían tenido que sobrevivir al aburrimiento». El creador de ethereum es el primero en alertar del peligro de haberse convertido en parte del sistema

El pasado 2 de abril el número era 12. 'Miedo extremo', la categoría más baja del índice. En febrero llegó a marcar 5, que es la lectura más baja de la historia, peor incluso que la que se registró tras la quiebra de FTX en noviembre de 2022, cuando se destapó que Sam Bankman-Fried se había gastado el dinero de sus clientes en comprarse casoplones en Bahamas.

El índice Fear & Greed de la Bolsa americana, el original de CNN, también está en 'miedo extremo': marca 15 sobre 100. La diferencia es que la Bolsa tradicional tiene detrás fundamentales –empresas que fabrican cosas, venden servicios...–, y las criptos tienen vibraciones. Y cuando las vibes se apagan, su cotización cae en picado.

Los que se van

Los gemelos Cameron y Tyler Winklevoss compraron sus primeros bitcoins en abril de 2013. Pagaron once millones de dólares por ellos, a unos 120 dólares la unidad, usando el dinero que les había dado Mark Zuckerberg para que dejaran de demandarlo. En 2014 fundaron Gemini, una plataforma de intercambio de criptomonedas, y durante una década fueron los grandes triunfadores del sector: ricos, rubios, remeros olímpicos... En su mejor momento, los Winklevoss poseían el 1 por ciento de todo el bitcoin en circulación.

Matt Damon puso la cara en un anuncio de Crypto.com que decía: «La fortuna favorece a los valientes»; se emitió durante la Super Bowl de 2022, cuando Bitcoin cotizaba a 44.000 dólares; cuatro meses después estaba a 17.000 y la cara de Damon era pasto de memes.
Matt Damon puso la cara en un anuncio de Crypto.com que decía: «La fortuna favorece a los valientes»; se emitió durante la Super Bowl de 2022, cuando Bitcoin cotizaba a 44.000 dólares; cuatro meses después estaba a 17.000 y la cara de Damon era pasto de memes.

En septiembre de 2025 sacaron Gemini a Bolsa en el Nasdaq. La acción debutó a 45 dólares. Bitcoin estaba cerca de su máximo histórico. El momento parecía perfecto. Pero Bitcoin se desplomó en octubre. Las acciones de Gemini cayeron un 80 por ciento en cinco meses. La capitalización pasó de más de 4000 millones de dólares a 700. En febrero, los gemelos despidieron al director de operaciones, al director financiero y al jefe legal, recortaron un cuarto de la plantilla y salieron de los mercados de Reino Unido, Europa y Australia. Y ahora se enfrentan a una demanda colectiva de accionistas que dicen que las declaraciones antes de la salida a bolsa fueron engañosas.

Lo que hace que la historia de los Winklevoss sea algo más que un crash financiero es una primicia que publicó la plataforma de análisis blockchain Arkham Intelligence en marzo: los gemelos han vendido el 92 por ciento de sus bitcoins. De los 108.000 BTC que tenían en 2014, les quedan unos 8700. El dato tiene un peso simbólico: la consigna fundacional del mundo cripto es 'HODL', un acrónimo nacido de un error tipográfico en un foro que se convirtió en grito de guerra y filosofía de vida: «No vendas nunca, aguanta, la fe te recompensará».

Los que se tapan la nariz

Sharmin Mossavar-Rahmani lleva más de treinta años en Goldman Sachs. Entró como socia en 1993, cuando Bitcoin no existía. Estudió en Princeton y en Stanford, y es la directora de inversiones de su fondo más exclusivo. Su trabajo consiste en decirles a algunos de los seres humanos más ricos del planeta dónde poner la pasta. Lo que les dice sobre las criptomonedas no deja mucho espacio para la interpretación: «No creemos en las criptos. No pensamos que sean una clase de activo de inversión. Si no puedes asignarle un valor, ¿cómo puedes ser alcista o bajista?».

Una última oleada de fiascos ha terminado de envenenar el pozo. La memecoin de Trump, $TRUMP, se lanzó tres días antes de su toma de posesión, subió a 74 dólares y ahora cotiza a 3. La de su esposa Melania pasó de 13 dólares a 13 centavos.
Una última oleada de fiascos ha terminado de envenenar el pozo. La memecoin de Trump, $TRUMP, se lanzó tres días antes de su toma de posesión, subió a 74 dólares y ahora cotiza a 3. La de su esposa Melania pasó de 13 dólares a 13 centavos.

La lógica es esta: un activo que no genera flujo de caja ni reparte dividendos no puede ser valorado con las herramientas que usan los economistas. Puedes especular sobre él, igual que puedes apostar a qué número sale en la ruleta, pero no puedes analizarlo. Y lo que no se puede analizar no se recomienda a un cliente que te ha confiado doscientos millones de dólares. La posición de Mossavar-Rahmani sería irreprochable si no fuera porque Goldman Sachs, la empresa que la emplea y que paga su sueldo, mantiene una mesa de trading de criptomonedas, y ofrece opciones sobre Bitcoin y Ether a sus clientes.

Jamie Dimon, el CEO de JPMorgan y quizá el escéptico cripto más ruidoso de Wall Street, recurre a la ironía: «No creo que debas fumar, pero defiendo tu derecho a fumar. Defiendo tu derecho a comprar bitcoins, adelante». Mientras tanto, JPMorgan procesa cada día millones de dólares en transacciones blockchain con su producto JPM Coin. En otras palabras, Dimon no cree en las criptos, pero defiende tu libertad para comprarlas y, casualmente, el banco que dirige las vende.

Los gestores de los grandes fondos de inversión no dedican ni un 1 por ciento a criptomonedas. Sin embargo, en enero, el Bank of America autorizó a recomendar a sus asesores de patrimonio un 4 por ciento en criptos a sus clientes

Una encuesta reciente del Bank of America revela que los gestores de los grandes fondos de inversión no dedican ni un céntimo de cada dólar a criptomonedas: de media, la asignación es del 0,4 por ciento. Y, sin embargo, en enero, el propio Bank of America autorizó a sus 15.000 asesores de patrimonio a recomendar hasta un 4 por ciento en cripto a sus clientes. Es decir: los que gestionan los fondos institucionales y corporativos no lo tocan; pero los que asesoran a grandes fortunas lo recomiendan, aunque con moderación.

Las criptomonedas nacieron como la antítesis de ese mundo, como el gesto rebelde del que no se fía de los bancos ni de los gobiernos. Y ahora se venden en el mismo escaparate que los bonos del Tesoro, las acciones de Coca-Cola, los fondos indexados... El sistema las ha absorbido y negocia con ellas, aunque se tapa la nariz. De hecho, el 99,6 por ciento del dinero que mueven los fondos va a bonos, inmuebles, materias primas, capital riesgo… A cualquier cosa que no sea criptomonedas.

Marc Andreessen, socio de Andreessen Horowitz, la firma de capital riesgo más relevante en la criptoindustria.
Marc Andreessen, socio de Andreessen Horowitz, la firma de capital riesgo más relevante en la criptoindustria.

Los 'criptobros' quieren 'comprar' las elecciones

En noviembre, Estados Unidos celebra elecciones legislativas. Donald Trump se la juega: si los republicanos pierden el Congreso, los dos años que le quedan de mandato serán de bloqueo. Y la industria cripto se la juega también. El año pasado, Trump firmó una primera ley que regula las llamadas stablecoins , las criptomonedas vinculadas al dólar, bajo un régimen de manga ancha. Ahora hay una segunda tramitándose en el Senado, más laxa si cabe, que dejaría a las empresas con menos vigilancia de la que hoy tienen. Si no sale adelante, la ley quedaría aparcada hasta después de las elecciones de noviembre. Por eso, el sector 'ficha' a congresistas. Fairshake, el principal grupo de presión procripto, ha donado 193 millones de dólares para financiar campañas de candidatos afines (demócratas y republicanos). Eso es diez veces más de lo que se gastó la industria inmobiliaria en las legislativas de 2022, que era la más espléndida en los pasillos del Capitolio. Sus principales donantes son las tres grandes empresas del sector cripto: Coinbase, Andreessen Horowitz y Ripple. El que está contando todo esto es Ben McKenzie, que antes de convertirse en economista y periodista de investigación fue actor: «En la jerga de Washington, a esto lo llamamos 'capturar al regulador'. En lenguaje sencillo, es comprar a los árbitros. Están gastando sumas sin precedentes para comprar la ley y asegurarse de que nadie los inste a rendir cuentas por lo que hacen, que, en esencia, es un fraude masivo», dijo ante el Senado.

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