EL BLOC DEL CARTERO

Siria

El bloc del cartero Siria  Las imágenes de los desalojados de la ciudad siria de Alepo que ahora malviven en la región petrolífera del país sirven a uno de nuestros lectores para recordarnos las proporciones de la tragedia que ha desbaratado la vida de tantos sirios y que por la costumbre hemos dejado de percibir. Hace falta a veces esta mirada inesperada, desde un ángulo distinto, para que recobremos la conciencia y comprendamos lo espantoso de algunas situaciones con las que miles de nuestros semejantes tienen que convivir a diario. No hace mucho un adolescente español se quejaba de que no era justo que lo tuvieran confinado con PCR negativa. Tampoco es justo lo que les sucede a los niños sirios que se dejan la salud soldando tanques de fuel. El mundo está lleno de injusticias. Conviene no olvidar cuáles son de veras insoportables.  Los hijos de AlepoObservo las fotos de los niños sirios del petróleo en el XLSemanal del 20 junio y comprendo el drama del día después de toda y cualquier guerra. A Alepo, la más grande y bella ciudad de Siria, no solo la devastó, sino que dejó reducidos a cenizas gran parte de sus bienes culturales: una verdadera catástrofe cultural de la que solo quedan testimonios digitales (algunos periódicos microfilmados, cuadros). Tras esta debacle, las familias abandonaron esta ciudad fantasma y se establecieron al nordeste del país, rico en petróleo. Contaminación, vapores tóxicos, volutas de humo y, sobre este fondo, los desheredados hijos de Alepo, jóvenes y niños protagonistas del drama de la supervivencia, subidos a una excavadora o soldando tanques de fuel, buscando sortear el cáncer porque tristemente «no se halla cosa en que poner los ojos / que no sea recuerdo de la muerte», como anunció en una ocasión nuestro clásico Quevedo al ver otrora los muros de nuestra patria decadente.   Enrique Giner Sanchis. Cullera (Valencia)Clase en el memorialHe visitado dos veces el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo en Vitoria. Es un viaje a nuestro pasado reciente y tenebroso, en el que algunos recuerdan y lloran, muchísimos más aprenden, todos reflexionan y del que se sale triste y anodadado ya que la mente y la retina tienen mucho que digerir, pero satisfecho al comprobar que todo lo que allí se ve, oye y toca ha sido real y no existe el menor resquicio para la ficción, la  manipulación o la duda. El terrorismo es percibido sin ambages, blanqueamiento, adoctrinamiento ni sensacionalismo macabro. Me permito recomendar a los centros educativos y a las familias que programen una visita como clase práctica y, después, en las aulas, en el hogar, un coloquio en el que compartan la experiencia. Mostremos el pasado y aprendamos la lección para evitar que se repita; qué mejor simiente que esta visita para abovedarnos contra el fanatismo asesino. «El que no conoce la historia toda su vida será un niño». Cicerón dixit. Gracias de corazón a Florencio, Raúl, Gaizka y al resto del equipo por vuestra impagable labor. ¡Chapó! Francisco Javier Sáenz Martínez. Lasarte-Oria La carta de la semanaPor qué la he premiado…  Porque lo que hace bellas las lágrimas es la calidad y el tamaño del amor que las vierte.  No digas que no tiene alma. A veces, un animal te busca ilusionado al reconocer un lugar en el que estuvo contigo y husmea el aire tratando de discernir tu olor. Y se entristece al darse cuenta de que, un día más, regresará a casa sin haberte visto. A veces, te busca cuando necesita consuelo, siente dolor, se encuentra solo: ansía la calma que tú le proporcionas. O te busca al percibir que eres tú quien necesita ese cariño. Y te mira sin comprender y te dice sin palabras que quiere que seas el de siempre, el que lo lleva de paseo, lo acaricia, lo hace correr. Y se queda inmóvil a tu lado: no existe para él otro lugar. Por eso no me preguntes por qué lloro si ese animal no está ya con nosotros. No me digas que no es más que un animal, que no tiene alma ni merece mis lágrimas. Ese animal ha llenado de sentido muchos de mis días, y a mí, el corazón de ilusión. Y ha dejado claro que nos da mil vueltas en amar sin condiciones. María Blázquez Sánchez. Getxo (Bizkaia)

Domingo, 11 de julio 2021, 06:19

Las imágenes de los desalojados de la ciudad siria de Alepo que ahora malviven en la región petrolífera del país sirven a uno de nuestros lectores para recordarnos las proporciones de la tragedia que ha desbaratado la vida de tantos sirios y que por la costumbre hemos dejado de percibir. Hace falta a veces esta mirada inesperada, desde un ángulo distinto, para que recobremos la conciencia y comprendamos lo espantoso de algunas situaciones con las que miles de nuestros semejantes tienen que convivir a diario. No hace mucho un adolescente español se quejaba de que no era justo que lo tuvieran confinado con PCR negativa. Tampoco es justo lo que les sucede a los niños sirios que se dejan la salud soldando tanques de fuel. El mundo está lleno de injusticias. Conviene no olvidar cuáles son de veras insoportables.

CARTAS DE LOS LECTORES

• Los hijos de Alepo

Observo las fotos de los niños sirios del petróleo en el XLSemanal del 20 junio y comprendo el drama del ... día después de toda y cualquier guerra. A Alepo, la más grande y bella ciudad de Siria, no solo la devastó, sino que dejó reducidos a cenizas gran parte de sus bienes culturales: una verdadera catástrofe cultural de la que solo quedan testimonios digitales (algunos periódicos microfilmados, cuadros). Tras esta debacle, las familias abandonaron esta ciudad fantasma y se establecieron al nordeste del país, rico en petróleo. Contaminación, vapores tóxicos, volutas de humo y, sobre este fondo, los desheredados hijos de Alepo, jóvenes y niños protagonistas del drama de la supervivencia, subidos a una excavadora o soldando tanques de fuel, buscando sortear el cáncer porque tristemente «no se halla cosa en que poner los ojos / que no sea recuerdo de la muerte», como anunció en una ocasión nuestro clásico Quevedo al ver otrora los muros de nuestra patria decadente.

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Sobre la firma

Lorenzo Silva

Articulista de Opinión

Lorenzo Silva es escritor y columnista español conocido especialmente por sus novelas policíacas protagonziadas por los guardias civiles Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro. Ganador del Premio Nadal y del Premio Planeta

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