Viernes, 25 de Octubre 2024, 11:41h
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Estamos todo el día mirando y ya no miramos nada. Nuestros ojos no se dan tregua, pero cada vez ahondan menos en lo que ven y, aún peor, cada vez cuesta más encontrar en ellos el peso y la hondura de una mirada verdadera. Por motivos distintos, meditan los lectores sobre el valor de mirar. Sobre cómo se lo echa de menos cuando la vida aprieta y uno sólo está rodeado de ojos huidizos que se sepultan en la pantalla del móvil como escapatoria. Sobre cómo quienes miran de más esa pantalla acaban, al menor descuido, colisionando con la realidad de la que buscan zafarse en los mundos virtuales. Sobre cómo encima de un escenario nada que valga la pena sucede si en el patio de butacas no hay un público que sepa y quiera mirarlo. Quizá sea cuestión de mirar menos y mirarnos más.
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