Viernes, 05 de Septiembre 2025, 10:02h
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Se puede perder el oído por una enfermedad, o por la edad, incluso se puede nacer sin él. Ante esta desventaja, muchos de los que la padecen aguzan la atención para compensarla y leen los labios o aprenden a descifrar de otras formas el silencio. Lo peor es cuando alguien oye perfectamente, pero decide interponer un muro frente a los sonidos y las voces que por la razón que sea no le interesan. La sordera elegida y practicada a conciencia tiene mal pronóstico, sobre todo para quien necesita que el sordo voluntario le escuche. Nuestras cartas de esta semana hablan de los niños, de quien hace sus prácticas profesionales o del que señala los riesgos en el monte a autoridades que ni siquiera acusan recibo. En China, advierte otro lector, ya hay fábricas donde solo hay robots. ¿Escucharán más ellos cuando lo lleven todo?
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