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El bloc del cartero

Respeto

Lorenzo Silva

Repara nuestra carta de la semana en eso en lo que muchos, quizá demasiados, no reparan nunca. En la educación, entendida como respeto y consideración al otro. Quien carece de ella no se para nunca a ponderar los perjuicios que con su falta causa a sus semejantes. Tampoco lo que a su propia existencia aporta, en términos de civilización, belleza y sentido, la educación que tienen y le demuestran otros. No estaría mal que, además de invitarnos todo el rato a demandar lo que por ser como somos merecemos, la sociedad en la que vivimos nos invitara de vez en cuando a estar más atentos a lo que cualquiera a nuestro alrededor, sea como sea, merece de nosotros. Ojalá aprendiéramos a ser un poco menos consumidores y un poco más ciudadanos, conscientes de compartir el ágora con otras personas.

La memoria de los sueños...

Cada noche es un sueño, una aventura, una utopía, una pesadilla o el renacer de un recuerdo ya casi olvidado. Esta noche me ha vuelto a la memoria cuando tenía 14 años y me carteaba con otra chica de mi edad de Zaragoza. Su nombre era Isabel. Nunca nos vimos, pero por un tiempo fuimos amigas en la distancia. Cada semana escribía una. Después del instituto ansiaba abrir el buzón para comprobar si tenía carta de ella, la sensación era maravillosa. Como todo en la vida, con el tiempo la frecuencia de nuestras cartas fue disminuyendo hasta caer en el olvido. Lo más curioso es que 15 años después mi subconsciente me lo recordara. Con las nuevas tecnologías, que son un gran avance, se ha esfumado la magia de muchas cosas, como la de escribir y recibir cartas. Supongo que no soy la única que lo piensa.

Irene Rojo García. León

Personajes...

Hace un mes conocí a Henry en una vieja goleta. El pelo blanco, la piel ajada por el sol, siempre en cubierta, ensayando nudos o ajustando velas; era el viejo de El viejo y el mar. Fascinado, imaginé su vida surcando el océano a bordo de exóticos navíos, capeando tormentas, sufriendo el ataque de tiburones. Era reservado, nunca contaba historias y llenó mi viaje de misterios. El último día caí en la tentación y le pregunté. Resultó ser director de informática en una ciudad de interior. Poco después de volver a casa, he descubierto que mi vecino del ático se llama Solman Langster, que a veces el ascensor sube solo a ese piso y baja siempre vacío y que nadie parece haberlo visto nunca. Me recuerda a Julián Cárax. Me ha tentado buscar su nombre en Internet, quizá sea una persona corriente, profesor de geometría o auxiliar administrativo, pero no lo he hecho. Esta vez prefiero quedarme con el personaje.

Ricardo Ramos Rodríguez. Calatayud (Zaragoza)

Si sonriéramos todos así…

Soy padre primerizo y, antes de acostarme, me gusta informarme. Anoche, me impactó una noticia: «Mujer y discapacidad, doble discriminación». ¿De verdad? Seguí leyendo en busca de una noticia que me hiciese creer en que aún no estaba todo perdido, cuando recibí un definitivo sopapo de realidad: «Nueve de cada diez musulmanes sienten discriminación al acceder a un piso en España». Recordé entonces una escena reciente en las escaleras mecánicas de un conocido supermercado: mi hijo de 15 meses se giró y empezó a saludar con su pequeña gran sonrisa a un padre e hijo árabes que venían detrás. Sin ganas de leer más, me acosté no sin antes acercarme a mi hijo, darle un beso y susurrarle al oído: «Si todos sonriéramos así…». Una utopía, lo sé, pero que los más pequeños poseen. Un tesoro que nos empeñamos en destruir.

David Gallardo Salvador. Vitoria (Álava)

Educación

Debo reconocer mi predilección por la gente educada hasta en los detalles donde ni luce ni vende, aquellos de sensibilidad mamada, donde salen las primeras leches. Insignificantes, desapercibidos, naturales. Decía Pessoa que para ser feliz es preciso no saberlo. Le robo la frase: para ser educado, igual. Está lejos de la afectación y la impostura. Reconozco el privilegio por eso, disculpo la falta. Disfruto observando esas pequeñas y distinguidas perlas de sensibilidad fina ante cualquier circunstancia. No voy a defenderme de una posible acusación de 'clasismo': la posesión del bien no es exclusiva del dinero; es más: casi nunca lo es. Por eso es tan raro, no se compra: se tiene o no. Es finura de espíritu, mejorar lo que te han dado. Es pensar en el otro y no hacer nunca lo que fastidia que te hagan. Básico, pero exclusivo. Esas personas son luz, elevan la energía ambiente, descomponen la mediocridad, aseguran la esperanza al resto. Son inconscientemente útiles en una sociedad. Ponerse a la altura de un maleducado es dejar que te gane por experiencia. Una persona educada es un triunfo de la evolución. No deberían ser rara avis. La educación es respeto.

Mercedes Angulo Infante. Madrid

Por qué la he premiado… Por celebrar como se merece este triunfo de la evolución que pasa tan inadvertido.

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