Tal vez ustedes, como yo, se hayan preguntado alguna vez qué mecanismos psicológicos hay detrás del proceso de creación. Qué pasiones, carencias, vivencias y extravíos guiaron, por ejemplo, los pinceles de Caravaggio, Lucien Freud o Francis Bacon; compusieron el Réquiem de Mozart o laten detrás de las portentosas obras de James Joyce, Charles Bukowski, Federico García Lorca o tantísimos otros. Se dice con frecuencia que debe separarse la vida de un creador de su obra y no juzgar la segunda a la luz de la primera. Sin embargo, a pesar de que algunos grandes artistas han tenido una vida ordenada y sin demasiados sobresaltos, lo cierto es que es bastante más habitual el caso contrario.
El arte va emparejado con frecuencia al sufrimiento, a las pasiones desenfrenadas, a la locura, incluso al asesinato. ¿Qué hizo que la talentosa Artemisia Gentileschi ... pasase, casi de un día para otro, de dibujar apacibles cuadros alegóricos a pintar escenas como la muerte de Holofernes a manos de Judith en una orgía de violencia y sangre? ¿Es posible entender plenamente la obra de Virginia Woolf, James Joyce o Picasso sin conocer sus circunstancias personales? ¿Pueden los más sublimes versos de amor brotar de la pluma de un hombre como Neruda, que llamaba a su hija con hidrocefalia «la monstrua» y negó a su esposa el dinero para mantenerla dejando que las dos murieran en el desamparo?
Grandeza y abyección, talento y mezquindad, egolatría y genialidad, la historia está llena de ejemplos de estos y otros antitéticos binomios. De esto y mucho más trata el nuevo libro de Marta Robles. Marta es una de mis mejores amigas, pero, por encima de todo, es una gran escritora capaz no solo de bucear en la conducta humana, sino también de desvelarnos la cara B de la historia. El lado oculto de los artistas y creadores que han iluminado al mundo con su talento y su don para generar belleza. Su ensayo, que se abre con una interesante reflexión sobre el amor y otros demonios, está estructurado en capítulos con títulos tan reveladores como Los atormentados (artistas a los que más les duele el amor); Los más negros; Los asesinos; Mujeres fatales; Homosexuales, bisexuales y otras sexualidades diversas; Maniáticos, fetichistas y depravados, y así hasta trece apartados en los que encontraremos a personajes tan dispares e incluso antagónicos como Marilyn Monroe, Victor Hugo, Frida Kahlo, Rimbaud, Tirso de Molina, Gil de Biedma, Tchaikovsky, Dalí y tantísimos otros.
A través de ellos y de pasajes hasta ahora desconocidos de sus vidas, podremos descubrir cuáles son las pasiones que inspiraron sus obras. El libro lleva un título muy sugerente que, de algún modo, es el hilo conductor de todo lo que en él se narra. Teniendo en cuenta que el amor procura una magia arrolladora a quien lo siente y hace que emerja lo más deslumbrante del interior del ser humano, Marta elige para su obra este nombre: Lo que la primavera hace con los cerezos. En el poema número 14 de los Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Pablo Neruda declara a su amada que quiere hacer con ella precisamente eso: lo que la primavera hace con los cerezos. «Inundarlos de exuberancia, de color, de magia —explica Marta Robles—, una magia tan efímera como la de los bellísimos pétalos de los cerezos, que mientras duran bailan al viento en una inimitable orgía primaveral que los japoneses llaman Sakura fubuki». ¿Y luego que? Muchos amores duran poco más que el sakura fubuki, pero para Marta «al igual que ocurre con los cerezos, no todo acaba ahí: las flores se convierten en frutos, y cuando estos maduran y mueren dejan al descubierto ramas que parecen secas, pero que esconde el secreto de una nueva y cercana primavera, de una nueva pasión». Otro tanto ocurre con las pulsiones y sentimientos humanos. Los de los creadores suelen ser más explosivos, a veces más oscuros y destructivos de lo habitual, pero todos ellos han dado como fruto partituras, pinceladas y páginas de deslumbrante belleza. Obras extraordinarias de hombres y mujeres que supieron convertir en Arte con mayúscula eso tan tortuoso, inasible, esquivo, deseable, brutal, terrible y sencillamente prodigioso que llamamos amor.
Sobre la firma
Carmen de Posadas es una escritora uruguaya nacionalizada española. Ganadora del Premio Planeta en 1998 con «Pequeñas infamias»
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