Me interesó leer en un libro de reciente aparición una teoría de por qué gente culta y pensante está dispuesta a creer e incluso abrazar con fervor los disparates más grandes, las trolas más inverosímiles. En La era del conspiracionismo, Ignacio Ramonet, escritor y director durante años de Le Monde Diplomatique, se asombra de cómo el presente ha dejado obsoleto el precepto de Goebbels de que una mentira mil veces repetida acaba convirtiéndose en verdad.
Resulta que ahora –con la distorsión que producen las redes y con el hecho de que en la actualidad cada uno puede tener, defender y ... difundir 'su verdad' y todo es opinable– ocurre exactamente lo contrario a lo propugnado por Goebbels. Verdades tan incontrovertibles como que la Tierra es redonda o que las vacunas salvan vidas son refutadas y puestas en solfa. Y no por parte de personas sin formación, también por parte de aquellas cultivadas y pensantes. Esto explicaría, según Ramonet, fenómenos tan inquietantes como que casi la mitad de los norteamericanos cree que a Trump le 'robaron' las elecciones y otras 'verdades' igualmente contrarias a la razón.
No es nuevo que las mentiras, o las teorías imposibles de probar –como que existen los fantasmas, los extraterrestres están entre nosotros y/o que el mundo está regido por un conciliábulo de individuos malvados que nos manipulan–, produzcan más fascinación que hechos fehacientes. Pero hasta ahora las creencias de este tipo daban para poco más que para charlas ociosas de café. Ahora, en cambio, las teorías conspiranoicas crecen y se multiplican como setas. Y da igual que sean delirantes. Como el Pizzagate de Hillary Clinton, por ejemplo. Lo que comenzó como una burda campaña con fines electorales en la campaña presidencial de 2020 es ahora dogma de fe para los seguidores de Trump. Según esta teoría, ciertos correos electrónicos interceptados al gerente de la campaña de Clinton revelaban que la pizzería Comet y otros restaurantes en Washington servían a Clinton y a sus secuaces como tapadera de una red de tráfico de niños de los que primero abusaban sexualmente y luego se los merendaban en plan caníbal.
¿Puede alguien creer semejante trola? Pues sí, porque, según puede aprenderse de Trump, maestro en patrañas, cuanto más grande sea el embuste, más fácil es de creer. Paralelamente a interesarme por el libro de Ramonet, estoy releyendo (la primera vez la leí en el colegio y no me enteré de mucho) la novela 1984, de George Orwell, y es interesante establecer algunas similitudes. En ella Orwell retrata cómo sería Inglaterra una vez convertida en tiranía bolchevique. Pero lo curioso del caso es que, intentando hacer una sátira brutal del estalinismo, con la clarividencia que solo tienen los genios, logró profetizar lo que está ocurriendo ahora mismo, en el primer tercio del siglo XXI. Cierto que Europa no se ha convertido en una réplica de la Rusia bolchevique que él tanto temía, pero más de un rasgo de aquella sociedad distópica que él retrata se parece inquietantemente al mundo actual.
Siempre que se habla de la novela, inmediatamente sale a colación el personaje de Gran Hermano, ese implacable ojo que todo lo ve y todo lo sabe. Pero, más allá de este tópico, la novela habla de otro peligro aún más grave. La manipulación de la verdad y el fomento de la mentira, incluso la más disparatada y palmariamente falsa, así como de la creación de un 'neolenguaje' con el que, sabiendo que las palabras son las que configuran la realidad, primero se consigue que pierdan todo significado y luego se las dota de otro opuesto y contrario al que antes tenían. Orwell imaginó que todo esto se produciría por culpa de un estado dictatorial, pero nunca llegó a imaginar que la entronización de la mentira y la creación de una realidad paralela iba a producirse igualmente en el seno de sociedades libres, abiertas, democráticas. Y menos aún que su artífice no sería un poder político y omnímodo como el que simboliza Gran Hermano, sino un Ente anónimo, difuso y amorfo que anida en Internet y que nadie controla. En resumen, por mor de dicho Ente y enmendándole la plana a Goebbels, ahora resulta que una verdad mil veces repetida puede acabar convirtiéndose en mentira. Al tiempo que, enmendándole también la plana a Orwell, los integrantes de la sociedad más culta, libre y pensante que jamás haya existido están deseando que les mientan. Linda paradoja.
Sobre la firma
Carmen de Posadas es una escritora uruguaya nacionalizada española. Ganadora del Premio Planeta en 1998 con «Pequeñas infamias»
Publicidad
Noticia Patrocinada
Más de
Las Voces de XLSemanal
Fátima Uribarri
Una herramienta eficaz para una mejor vejez
Por Jeff Bergen | Imagen: Mekakushi
En otros medios
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia