Viernes, 06 de Septiembre 2024, 09:52h
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Hay dos particularidades de la naturaleza humana que me fascinan. Una es la inteligencia, el talento; la otra es la estupidez. La estupidez es interesantísima. Si me apuran, incluso más que la inteligencia. Erasmo de Rotterdam, que le dedicó su archifamoso ensayo Elogio de la locura, decía que de ella no se salva nadie. Es verdad porque, como habrán podido observar no pocas veces, hasta las personas más brillantes meten patas estrepitosas, obvias e imperdonables, mientras que otros ciudadanos más obtusos, en situaciones similares, obran con admirable sensatez.
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