Pequeñas infamias

El síndrome de Ícaro

Viernes, 9 de agosto 2024, 10:16

Aquí me tienen, en una isla griega con toda mi tribu. Las chicharras cantan, reverbera el mar y estamos, ay, a treinta y siete grados a la sombra. Situación y ambientación ideal, por tanto, para –gin-tonic mediante, eso sí– escribir un artículo con este título. Como recordarán, Dédalo, el padre de Ícaro, fabricó para ambos unas grandes alas de pájaro que les permitieron volar y huir del malvado rey que los había encerrado en el laberinto de Creta. El muchacho estaba encantado con la aventura, pero Dédalo le advirtió del peligro de elevarse demasiado porque el sol derretiría la cera que utilizó para adherir las alas. El resto de la historia la conocen: Ícaro desobedeció y acabó ahogado en el Egeo.

Todo sea por el fugaz placer de volar más alto que nadie y dejar al personal boquiabierto

Esta vieja leyenda me ha servido para prevenir a mis nietos de lo que llaman el 'síndrome de Ícaro'. Uno que ha existido siempre, pero ... que ahora lleva camino de convertirse en epidemia. Los afectados por este síndrome son personas que tienden a ignorar las advertencias y a subestimar los riesgos en un afán de conseguir metas cada vez más ambiciosas. Gentes a las que les da, por ejemplo, por escalar un pico inaccesible; tipos que se lanzan por una cascada en un barril; o que deciden romper el récord mundial de comer hamburguesas (actualmente está en treinta y dos hamburguesas en treinta y ocho minutos, así que calculen). Eso sin olvidar a los devotos de los selfis dispuestos a jugarse la vida ante una ola gigante o hacer el pino en la cornisa de un edificio de ciento veinte pisos. Los retos posibles son miles y los Ícaros modernos, millones, y subiendo.

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Sobre la firma

Carmen de Posadas es una escritora uruguaya nacionalizada española. Ganadora del Premio Planeta en 1998 con «Pequeñas infamias»

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