No es un invento español, pero en pocos sitios como en España se ha sacado tanto provecho del bocadillo. Al fin y al cabo, somos muy dados a comer de manera informal y pocas cosas se adaptan mejor a esa informalidad que una barra de pan abierta por la mitad que se puede llevar a cualquier sitio y en la que cabe todo, desde el producto más sencillo hasta el más sofisticado.
Tortilla, jamón, lomo, queso, sardinas… y calamares. De este último, el bocata (no se asusten por la palabra, la RAE acepta este término coloquial) de ... calamares, han hecho bandera desde hace décadas los bares madrileños, sobre todo los que rodean la Plaza Mayor, que tienen una injustificada fama, aunque, por sus llenos, parece que los turistas no lo saben. Calamares congelados y chiclosos en panes que no son precisamente los que yo compraría para mi casa. Pese a todo, sí hay en la capital buenos bocadillos de calamares, de esos que se hacen con los 'de potera', capturados con anzuelo; con un rebozado ligero; y bien fritos en aceite limpio. Aunque algunos establecimientos tradicionales, como El Brillante, junto a la estación de Atocha, o Los Torreznos, mantienen el tipo, los mejores los encontrarán en bares de nuevo cuño como Bar H Emblemático, el Hermanos Vinagre de la calle Cardenal Cisneros, o Bareto. Sitios que reviven la esencia de las barras populares madrileñas poniéndola al día.
Sobre la firma
Colaborador
Carlos Maribona, periodista. Ha desarrollado toda su carrera profesional en el diario ABC, del que llegó a ser subdirector. En la actualidad es el crítico gastronómico del diario. Columnista también en XL Semanal de Vocento. Profesor de la Universidad San Pablo CEU. Premio Nacional de Gastronomía entre otros muchos galardones.
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