Viernes, 28 de Julio 2023, 10:02h
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Hay pocos productos del mar más humildes que una lapa. Sus primas las ostras reinan en las mesas de los palacios y hasta los modestos mejillones levantan pasiones cuando el escabeche los acompaña. Pero las pobres lapas viven sus vidas de cenicienta pegadas a las rocas, sabedoras de que no despertarán el hambre de casi ningún humano. No sé por qué, pero yo las imagino melancólicas, con esa vida entre olas y espumas cuando la marea está alta y acechan los cabrachos, y cerradas fuertemente contra la roca cuando quedan al descubierto, sin otro modo de defensa que el de pasar inadvertidas.
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