Soy consciente de que ponerse a hablar de tendencias y etiquetas en la cocina conduce inexorablemente a despertar al gallinero. Pero tampoco es razón, creo yo, para obviar el tema. Así que les anuncio el retorno a la primera línea de las pasarelas gastronómicas de la cocina de vanguardia, creativa, de autor o como quiera llamársele a aquella que va más allá de la presentación de ingredientes excelsos vinculados a un origen y cultivados por un pequeño productor. Los veteranos ya me entienden.
¿Pero se puede decir eso cuando el mundo se rinde ante las parrillas y los pensamientos de los nórdicos siguen creando una legión de ... seguidores? Trato de explicarme. Lo que yo observo es que el pensamiento casi único, con sus declinaciones nórdicas y latinoamericanas, que ponía el territorio y el compromiso por delante del oficio de cocinar sigue siendo mayoritario, pero no es ya el único. Afloran cada vez más declinaciones personales que no se conforman con militar en la sostenibilidad. Restaurantes de los que empujan con fuerza y ofrecen frescura, algunos nuevos y otros muy veteranos, que logran emocionarnos a los boomers y también a la generación de jóvenes que no conocieron los tiempos de la cocina de la fantasía y la creatividad.
Pienso en el nivel de reconocimiento internacional que van alcanzando propuestas como las de Disfrutar o Diverxo o Alchemist… pero también en el pletórico estado de forma de otros como Quique Dacosta, del que un pseudoexperto decía hace no tanto que estaba 'obsoleto', o de Iván Cerdeño, quien ofrece talento creativo y modernidad a raudales. Por cierto, Cerdeño se atrevió en el último Madrid Fusión a definir su cocina como «de vanguardia moderada y territorial». ¿Se acuerdan de la palabrita?
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