Patente de corso

Vivir con héroes, o sin ellos

Viernes, 20 de octubre 2023, 10:21

Anduve por Londres hace unas semanas, por motivos de trabajo, visitando a un viejo amigo en el 221 B de Baker Street mientras esquivaba, con hábiles recortes laterales, perfiles y quiebros del torso en plan torero, a masas espesas de turistas y de turistos en calzoncillos. Nada, o sea, que haga a esa ciudad distinta de las otras pertenecientes al parque temático en que, entre unos y otros, hemos convertido Europa. Vista en términos generales, la cuna de los derechos y libertades en el mundo, la que durante tantos siglos fue referente moral e intelectual del pensamiento y el progreso, la vieja patria común de Homero, Dante, Shakespeare, Cervantes y los enciclopedistas franceses, por mencionar a algunos, es hoy un deslumbrante cascarón vacío; un decorado fastuoso donde toda criatura internacional, incluidos nosotros mismos, confunde las palabras viajar y cultura con hacer cola en Roma ante una hamburguesería recomendada en Tryp Advisor o hacer posturitas chorras en Atenas o Madrid tomándose un selfi.

Hay países orgullosos de sus héroes legítimos, y países que ponen especial saña en destruir la memoria de los suyos

Nadie, ningún lugar, escapa a lo que hay, y a lo que todavía va a haber. Son las reglas del mundo en que vivimos, y ... tampoco es que el asunto, al menos a cierta edad y con algunos libros leídos, resulte dramático; sólo un poco triste cuando reflexionas sobre lo que Europa fue, lo que es y lo que podría haber sido de no estar en manos, vía Bruselas, de políticos analfabetos y tenderos sin escrúpulos. Pero, bueno. Así son las cosas. Lo que pasa es que, aunque así sean, no son iguales en todas partes, o no del todo, o no todavía en todos los sitios. Pensé en eso de nuevo hace unas semanas, como digo, cuando subía a los taxis de Londres; porque en varios de ellos, en el respaldo del asiento frente al pasajero, había pegado un cartel con veintiséis fotografías de tamaño carnet: veinticuatro retratos de hombre y dos de mujer, todos con uniformes de la Armada, la Aviación o el Ejército durante la Segunda Guerra Mundial –de cuyo comienzo se cumplirán pronto noventa años– en torno a una frase rotunda: Unhappy the land that has no Heroes. Desdichado el país que no tiene héroes.

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Escritor, académico de la Real Academia Española y cofundador de Zenda.

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