Patente de corso

Un cabo de la Guardia Civil

Viernes, 12 de abril 2024, 11:04

Hace cuarenta años, cuando aún era reportero y durante una breve conversación con el entonces presidente socialista Felipe González, le pregunté por qué, tras haber manifestado su intención de disolver la Guardia Civil si llegaba a gobernar España, aún no había llevado a cabo su propósito. Y la respuesta fue esclarecedora: «Descubrí que tener un Cuerpo disciplinado que cumple órdenes contra viento y marea, siempre en su puesto pase lo que pase, es algo extremadamente valioso».

Sometidos a la dejadez y la indefensión, compensando con pundonor profesional la incuria, la cobardía y la poca vergüenza de sus más altos responsables

Pienso en eso a menudo en estos tiempos de infamia, cuando faltos de medios y maltratados por altos mandos serviles, por directores generales incompetentes y ... por ministros del Interior sin escrúpulos –tampoco eso es nuevo, pues la vileza política no tiene color determinado–, la Guardia Civil, una de las pocas instituciones en las que, cuando las cosas se ponen feas, los españoles confían todavía –allá cada cual si consiente en verse privado de ella–, la Guardia Civil, repito, vive, trabaja y a veces muere sometida a la dejadez y la indefensión, compensando con sentido del deber y pundonor profesional la incuria, la cobardía y la poca vergüenza de sus más altos responsables.

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Sobre la firma

Arturo Pérez-Reverte

Articulista de Opinión

Escritor, académico de la Real Academia Española y cofundador de Zenda.

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