Viernes, 05 de Enero 2024, 09:33h
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El otro día, en la tele, en un acto oficial de toga y protocolo, escuché a un ministro de Justicia tuteando a los jueces. Vosotros, nosotros, etcétera. Todos compadres, como si los señores magistrados y él hubieran guardado cerdos en la misma cochinera. Todo muy natural, en fin. Muy de ministros y también de jueces que lo consienten, como la vida española misma. Aquí tuteas a un juez en un juzgado y te cae la del pulpo, pero si eres político puedes llamarlo indecente y como mucho te enarcan reprobadores una ceja. Pero lo significativo es que semejante bajunería –me refiero a la del ministro tuteador– no parece sorprender a nadie. Lo que por otra parte no tiene nada de extraño en un país como el nuestro, que ha perdido todo respeto hacia sí mismo, si es que alguna vez lo tuvo. Un país que, entre todos y todas, hemos convertido en esperpento surrealista donde cualquier disparate se asume con pasmosa facilidad.
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