Patente de corso

Otra vez antigua y señorial

Viernes, 11 de octubre 2024, 09:50

Me había jurado por el cetro de Ottokar y los bigotes de Plekszy-Gladz no volver a Lisboa, la hermosa ciudad antaño antigua y señorial, como afirma el famoso fado, arrasada hasta los cimientos por ese turismo de masas fuera de control que convierte a Europa en intransitable parque temático de selfis, chanclas, calzoncillos y hoteles de Cristiano Ronaldo a mil euros la noche, con Ferraris y Porsches aparcados como reclamo ante la puerta. Estaba resuelto a no sufrir más con el lamentable espectáculo; pero la carne es débil, el hombre propone y su editor, editora en este caso, dispone. Así que aquí estoy de nuevo, no en uno de mis dos hoteles de toda la vida –que ésa es otra–, porque ahora todo hay que reservarlo con meses de antelación y pago de antemano, sino en uno mucho más caro y más feo, lleno de anglosajones que preguntan, sin hacer el menor esfuerzo por usar la lengua local, dónde pueden ver bailar el típico flamenco portugués; y no saben si están en Lisboa, en Oporto, en Sevilla o donde la puta que los parió.

Las calles están casi desiertas como en los viejos tiempos, y la lluvia gris que vela el paisaje parece recuperar la Lisboa de antaño, tranquila y melancólica

Con ese estado de ánimo, aprovechando que tengo el día libre, cojo un paraguas y salgo a la calle. Lo del paraguas es porque llueve ... con saña bíblica, que diría Lucas Corso; y paradójicamente es la parte positiva del asunto, porque las calles están casi desiertas como en los viejos tiempos, y la bruma gris que vela el paisaje parece recuperar la ciudad de antaño, tranquila y melancólica. Así que, con la gabardina empapada y los zapatos y los pantalones mojados, camino por Lisboa pisando charcos como un niño feliz, aspirando con placer el aire húmedo que me devuelve muchos recuerdos. Y voy a comer a la vieja taberna Ruca, que resiste modesta y heroica, para mojar pan en la cazuela de gambas al ajillo; y por la noche cenaré, con las sombras de Pessoa y Pepe Saramago, en el querido Martinho da Arcada, dando un abrazo a Paulo y los otros camareros –Martín y Fernando–, que me instalarán, como desde hace treinta años, en la misma mesa junto a la ventana.

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Sobre la firma

Arturo Pérez-Reverte

Articulista de Opinión

Escritor, académico de la Real Academia Española y cofundador de Zenda.

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