Patente de corso

El extraño caso de la biblioteca inexistente

Viernes, 8 de septiembre 2023, 11:05

Hace muchos años, casi treinta, confesé en esta página que era lector de la revista Hola. Y lo sigo siendo. Ya no la leo con los crispis y el colacao porque llevo dos décadas desayunando otras cosas: cuando estoy en casa, una asquerosa leche de soja –a mi edad los médicos desaconsejan la de vaca de toda la vida, que es la que me gusta– y galletas Chiquilín o tortas de Inés Rosales. Con eso me apaño. Pero el caso es que sigo fiel a la revista. Unas veces la hojeo a esas horas y otras cuando estoy tranquilo entre una cosa y otra. En sus páginas he visto envejecer a galanes de antaño –a todos menos a Bertín Osborne, que parece plastificado, el hijoputa– y a damas como Carolina de Mónaco, que en su momento fue un trueno de señora. He visto posar a famosos con esa sencilla naturalidad que, por ejemplo, mostraban siempre Paloma Cuevas y Enrique Ponce antes de que se les gastara el amor de tanto usarlo. A Isabel Preysler haciendo cling-cling con su célebre caja registradora. A reinas, reyes, duquesas, actores, monarcas, vedettes, banqueros con vergüenza o sin ella. A tontos del culo de ambos sexos vestidos de coronel Tapioca en safaris solidarios de dos días en el África procelosa, con estilismo de Nati Abascal. A impresentables analfabetas, a cuyo lado las pedorras de hace veinte años parecerían hoy unas señoras, ocupar portadas y reportajes a color. He visto todo eso, vamos. Evolucionar los iconos de la sociedad en la que vivo y muchas cosas más. Si me permiten ustedes la chulería, tengo, como viejo y fiel lector, cierta autoridad en la materia.

Es costumbre del ‘Hola’ mostrar lujosas mansiones: la princesa Chochín de Torlonia-Staufenberg nos enseña su casa de los Abruzzos, etcétera

Hay dos cosas que me intrigan del Hola. Una, la más venial, es por qué a quien redacta titulares, sumarios o pies de foto ... le parece todo divertido. No entretenido, simpático, alegre, placentero, atractivo, encantador, gracioso, seductor, fascinante, sugestivo, agradable, jovial, campechano o cualquier sinónimo susceptible de dar variedad al jolgorio. Para nada. En la revista todo es divertido por cojones. Y si creen que exagero, hagan la prueba. Echen cuentas y comprobarán que rara es la semana donde no hay media docena de asuntos calificados con ese adjetivo: la gran boda divertida de Tamara, el divertido camisón de Ágata, la divertida casa del aventurero Kitín, el divertido cumpleaños de Genoveva, la divertida novela de Jorge Javier, la divertida foto de Antonio vestido de Semana Santa, la divertida falda de Victoria, el divertido patinete de Ana, la divertida fiesta de Froilán, la divertida cara de memo del tío Iñaki. Desde hace tiempo, para la revista todo es divertido a tope. ¿Por qué? Loignorito, como se llamaba el loro. Cien páginas semanales de Divertilandia.

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Sobre la firma

Arturo Pérez-Reverte

Articulista de Opinión

Escritor, académico de la Real Academia Española y cofundador de Zenda.

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