Viernes, 15 de Marzo 2024, 09:26h
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Creo que ya les conté en alguna ocasión que cuando era un joven lector solía imaginar a los escritores de éxito –Hemingway, Ian Fleming, Somerset Maugham y todos los demás– sentados en la terraza de una habitación de hotel de lujo en Italia, el Caribe o la Costa Azul, vestidos con un albornoz, escribiendo sus novelas con una pluma estilográfica Swan o Conway junto a la bandeja en la que acababan de servirles el desayuno mientras una mujer hermosa –o un hombre, en el caso de Maugham– dormía dentro, entre sábanas revueltas. Lo comenté hace unos días con mi hermano de letras José Carlos Llop, gatopardesco escritor mallorquín cuyos Dietarios son verdaderas obras maestras, y éste hizo un comentario que me lleva hoy a teclear estas líneas: «En realidad, camarada, lo hemos hecho».
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