Un grupo de científicos, liderados por el biólogo español Moisés Mallo, logran desactivar un gen en el embrión de un ratón y transformar sus órganos genitales en dos patas adicionales. El experimento es parte de una investigación para el tratamiento de enfermedades que afectan a la estructura del ADN, como la fase de metástasis del cáncer.
Raquel Peláez
Martes, 30 de abril 2024, 13:00
El hallazgo ocurrió por casualidad. Los investigadores del Instituto de Ciencias Gulbenkian en Oerias, en Portugal, estaban estudiando el gen Tgfbr1, relacionado con las formaciones que involucran el tronco y la cola. Desactivar este gen provocó que el embrión del ratón con el que estaban trabajando desarrollara dos patas en el lugar donde deberían estar sus órganos genitales. El resultado fue un vertebrado con seis patas, algo único hasta la fecha.
La hipótesis que seguía el equipo liderado por el biólogo Moisés Mallo sugería que las extremidades posteriores y los genitales de los animales de cuatro partas comparten un gen que dicta cómo y dónde deben desarrollarse. Una modificación de esa parte del ADN podría provocar un cambio significativo en el desarrollo de la parte posterior del ratón. Y eso fue exactamente lo que pasó.
«Los descubrimientos que han transformado la medicina muchas veces han venido de algo totalmente inesperado -explica el biólogo a cargo del proyecto Moises Mallo.- No fue algo intencionado». Su equipo buscaba entender cómo los cambios genéticos podían afectar a la médula espinal, pero el hallazgo llevó su investigación por otro camino y ahora esperan conocer si el gen Tgfbr1 (también presente en humanos) pude influir en estructuras de ADN de otros sistemas para aplicar este método en enfermedades como el cáncer metastásico.
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Según explica Mallo, «este gen que hace que los genitales se conviertan en patas se ha estudiado también en la inducción de la metástasis. Por eso entender el mecanismo nos puede ayudar a investigar en este terreno». Y, aunque esta implicación es la más llamativa, el científico también abre la puerta a otro tipo de enfermedades menos comunes como la sirenomelia, conocida también como el síndrome de sirena. «Hay muchas enfermedades congénitas que tiene que ver con esta zona. La sirenomelia es una malformación congénita muy poco frecuente que fusiona las piernas y en la que actúan el tipo de genes con el que estamos trabajando».
Y eso no es todo. Según Mallo, «este hallazgo también tiene muchas implicaciones desde el punto de vista evolutivo, ya que nos puede ayudar a entender cómo evolucionaron las aletas de los peces hasta llegar a convertirse en patas, cómo salieron del mar y desarrollaron las extremidades para adaptarse a caminar sobre la tierra».
Otro de los campos en el que los investigadores esperan explorar es si el Tgfbr1 también puede desempeñar un papel en la ausencia de extremidades traseras en las serpientes, pero su presencia en la mayoría de los lagartos. Y es que, aunque no tengan patas, las serpientes son igualmente consideradas tetrápodos debido a que descienden de antepasados que poseyeron las cuatro extremidades. Además, los científicos quieren analizar también qué papel desempeña su investigación en el desarrollo del pene doble de las serpientes, conocido como hemipene, que está ubicado en la base de la cola y que generalmente se mantiene invertido dentro de la cavidad del cuerpo.
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Aunque según aclara el biólogo Moisés Mallo, el hallazgo del embrión de ratón con seis patas es especialmente significativo porque crearlo nunca fue intencionado («yo no busqué el proyecto, el proyecto me buscó a mí», explica), la edición genética en animales ya es una realidad. Concretamente y, según un estudio publicado en 2023 en la revista Nature Communications , un grupo de científicos de la Universidad de Edimburgo, el Imperial College de Londres y el Instituto Pirbright utilizó la técnica de edición CRISPR para crear los primeros pollos resistentes a la infección por gripe aviar.
Como si de unas diminutas tijeras moleculares se tratara, la técnica CRISPR permite a los científicos realizar cortes selectivos en el código genético de un organismo. En este caso, el ciclo vital del virus en los pollos depende de una proteína huésped denominada ANP32A. La gripe necesita esa proteína para replicarse. Pues bien, los investigadores modificaron el gen que produce esa proteína en las células germinales de varios animales. Sorprendentemente, nueve de cada diez de estas aves mostraron una resistencia total y no se produjo ninguna transmisión a otros pollos.
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