La guerra en Ucrania tiene ecos inesperados. Washington acaba de permitir a Venezuela exportar petróleo para aliviar las urgencias energéticas de Occidente. Sin embargo, tras 23 años de chavismo, la industria petrolera venezolana es un coloso en ruinas. Se aprecia en toda su crudeza en el lago Maracaibo. Vertidos, algas tóxicas y miseria reinan en lo que fuera el gran símbolo de la riqueza del país.
Texto y fotografías: Álvaro Ybarra Zavala
Domingo, 17 de julio 2022, 01:30
La crisis política, la mala gestión de los gobiernos bolivarianos y las sanciones internacionales han convertido a PDVA (Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima) en un ... coloso en ruinas. El lago Maracaibo, uno de los grandes yacimientos del mundo, es hoy un inmenso complejo de chatarra donde los pescadores como John José (foto) intentan ganarse el pan entre aguas completamente contaminadas.
Los vertidos de petróleo y químicos son constantes y el crudo se adhiere a la piel de los pescadores cada vez que se adentran en las aguas del mayor lago de América Latina. Cada cierto tiempo, operarios del Gobierno vierten un químico rojo que hunde el chapapote en el fondo de este lugar, donde desde 1914 se han perforado más de 15.000 pozos. El crudo vuelve a surgir al cabo de unos días.
Terminada la jornada, Alirio y su hijo suben su bote a la orilla. Como los otros pescadores, navegan a vela para evitar que los piratas les roben el motor. Junto con los vertidos y el hambre, las bandas dedicadas al pillaje y el narcotráfico son la gran amenaza para los pescadores. Para combatirlos, el Ejecutivo creó hace cuatro años una unidad policial dotada con 35 agentes y una lancha. Insuficiente para proteger a los habitantes de un lago de casi 14.000 km2.
Los niños juegan entre restos de balancines petroleros abandonados. En 2000, cuando Hugo Chávez aprobó la ley que nacionalizaba el sector, el estado de Zulia –donde se ubica Maracaibo– producía un millón y medio de barriles diarios. Hoy ronda los 150.000. Ante la nueva situación internacional, el Gobierno piensa abrir el sector petrolero a compañías privadas. De ser así, se estima que en tres años podría cuadruplicarse la producción
La degradación del lago es una de las mayores catástrofes medioambientales de todo el continente americano. Tomadas por los vertidos de petróleo y químicos, las aguas han mutado en un nuevo ecosistema dominado por el limo, un alga que se alimenta de la contaminación del lago –fenoles, mercurio...– y convierte su superficie en una masa pastosa de color verdusco. Aun así, la población local se sigue bañando, expuesta a graves enfermedades.
Carlos Uribarri cuenta los peces capturados para venderlos. Todo el mundo sabe que el pescado está contaminado, pero la gente lo sigue consumiendo ante la falta de alternativas. El hundimiento de la industria petrolera destruyó el flujo de ingresos exteriores: de más de 90.000 millones de dólares en 2001 a 5000 millones hoy. Pero la invasión de Ucrania ha abierto nuevas perspectivas. En marzo, Washington envió a Caracas su primera misión diplomática en 20 años; en junio relajó las sanciones contra el país para permitirle exportar crudo.
John Luis tiene 16 años y pertenece a la tercera generación de una familia de pescadores. Apenas queda pesca y sus capturas están contaminadas. Sabe desde hace tiempo que no hay futuro, pero no quiere irse, como ya han hecho muchos de sus compatriotas. Sin embargo, la crisis política, social, económica y de seguridad en Venezuela, donde el 76,6 por ciento de la población vive con menos de 1,2 dólares al día, no le deja muchas opciones.
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Texto y fotografías: Álvaro Ybarra Zavala
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