Entorno laboral y productividad
Historia de la oficina: desde los monjes medievales al teletrabajo
Aunque la pandemia potenció el teletrabajo la oficina se resiste a morir. Y es que el trabajo de varias personas en un lugar común lleva ejerciéndose y desarrollándose desde hace siglos, se potenció con la tecnología y debido a ella podría tener los días contados... o no. Te explicamos cómo la oficina se hizo universal.
En la antigua Roma se desarrolló una burocracia de funcionarios bastante especializada, pero, pese a ello, los historiadores apuntan a que todo empezó con el papeleo de los monasterios medievales, donde los monjes redactaban documentos para terceros a petición del monarca o de particulares.
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Los monjes, los primeros oficinistas
En la antigua Roma se desarrolló una burocracia de funcionarios bastante especializada, pero, pese a ello, los historiadores apuntan a que todo empezó con el papeleo de los monasterios medievales, donde los monjes redactaban documentos para terceros a petición del monarca o de particulares.
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El gran salto: empleados a la vista del superior
El desarrollo de la oficina moderna se inicia con Frederick Winslow Taylor, promotor de la organización científica del trabajo. Defendió la división de tareas en el proceso de producción y las estructuras abiertas en los entornos de trabajo para aumentar la productividad. Así los empleados siempre estaban a la vista de su superior, un predecesor del open space.
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Bibliotecas para gestionar el papeleo de palacio
Las ilustraciones preindustriales muestran cómo, desde el Renacimiento, las labores de papeleo y de gestión de los palacios y de las primeras empresas burguesas se realizaban en 'bibliotecas' que eran, en realidad, oficinas; los documentos allí redactados eran registros, expedientes, no obras de ficción o poesía.
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Máxima productividad: la importancia de las luces fluorescentes
Un avance en la mejora de la eficiencia de la oficina moderna fue la invención y posterior incorporación del aire acondicionado y del tubo fluorescente. Eso permitió utilizar áreas que no recibían luz natural con las mismas condiciones siempre, en todo momento del día y de la noche, durante todo el año.
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La era de la computadora: alto rendimiento
Nada ha transformado y potenciado tanto las oficinas como las computadoras. Con ellas llegaron las fotocopiadoras, el fax, la impresoras... Desde los 80, cada vez más empleados tenían su PC. El mobiliario también cambió para dar soporte energético a a los nuevos dispositivos.
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La edad de oro del cubículo
Aunque el arquitecto Robert Probst desarrolló en los 60 su sistema de cubículos con intenciones humanistas (reforzar la privacidad y la salud), estas estructuras se reinterpretaron para maximizar el espacio con ahorro de costes. Su propio inventor sentenció: «La cubiculación de los trabajadores es una locura monolítica». Con todo, su sistema, originalmente llamado Action Office, se implementó en la gran mayoría de organismos oficiales durante décadas.
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El nuevo ritmo y el intercambio de ideas
La oficina abierta regresó en los 90: el flujo de información se aceleró y, con él, el ritmo de trabajo. Las oficinas pasaron a ser entornos sociales y la colaboración en red y el intercambio de ideas se volvió esencial. Silicon Valley marcó el paso introduciendo mesas de pingpong, futbolines, salas de siesta... y hasta ejecutivos en calcetines.
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Un paso más allá: la flexibilidad
La oficina se ha ido adaptando a la vida y la tecnología, a veces incluso intentando superar sus 'defectos congénitos', como su escasa compatibilidad con un estilo de vida saludable (en la imagen, un empleado trabaja mientras anda sobre una cinta). Pero sigue siendo cuestionada porque dificulta la conciliación del trabajo con la familia, y tiene un importante impacto ambiental derivado de los traslados de trabajadores que implica. De ahí que las palabras de moda ahora en las oficinas sean teletrabajo y flexibilidad.
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Fernando Goitia