Mitiga la ansiedad, sofoca los enfados, estimula el hipocampo... los muchos beneficios asociados a la goma de mascar asombran tanto como la cantidad de estudios dedicados a la materia. Es una afición que ya se practicaba en el neolítico.
Dioscórides, que ejerció la medicina en la Roma de Nerón, recomendaba masticar resina de lentisco en su obra De materia médica. Le parecía a este ... médico y botánico del siglo I que esa actividad, además de limpiar los dientes y refrescar el aliento, tenía propiedades curativas. Estudios actuales corroboran aquel vaticinio y añaden otros beneficios del uso de la goma de mascar. Uno de ellos es que mitiga el estrés. Ya lo proclamaba un anuncio, de 1918, de la marca Wrigley, en Estados Unidos: «Calma los nervios», aseguraba.
En el campo académico y no publicitario, una primera investigación sobre el chicle fue el estudio La psicodinámica de la masticación, realizado en 1939 por el psicólogo Harry Levi Hollingworth de la Universidad de Columbia en Nueva York. Descubrió que mascar chicle mientras realizas un trabajo relaja y reduce la tensión muscular. Al fin y al cabo, masticar sin tragar es un ejercicio físico al que los humanos se han aficionado desde antiguo: se han encontrado restos de gomas de mascar compuestas de resina de árboles y algas que datan del Neolítico. Y hay registro de que los mayas, los aztecas, los antiguos romanos y los indígenas de América del Norte mascaban diversas resinas.
A los colonos que llegaron a Estados Unidos les atrajo aquella costumbre y se la apropiaron, hasta el punto de que en 1848 nació allí el primer chicle comercial haciendo del país la patria chiclera por excelencia: sus soldados los cargaban en los petates en las guerras mundiales como parte 'oficial' del equipamiento. Uno de sus mayores estudiosos sobre los efectos del chicle es Andy Smith, profesor de Psicología de la Universidad de Cardiff. Smith ha llevado a cabo una investigación con 2300 trabajadores y concluye que los consumidores de chicle tienen menos estrés, están menos deprimidos y son menos proclives a padecer hipertensión y colesterol alto. También ha descubierto que mascar chicle aumenta el nivel de alerta y el rendimiento de nuestras funciones cognitivas.
Los estudios sobre la influencia del chicle van incluso más al detalle. Minoru Onozuka, investigador de la Universidad de Gifu en Japón, ha descubierto que masticar chicle activa el hipocampo, región cerebral determinante en la memoria y el aprendizaje. Andrew Scholey, profesor de Psico- farmacología de la Universidad de Northumbria (Inglaterra), señala a su vez que mascar chicle incrementa en tres latidos por minuto la frecuencia cardiaco, algo que en muchas personas puede ser saludable y en otras no tanto.
Aunque la goma de mascar, según un estudio de la Universidad de Leeds, también reduce el apetito y hace que picoteemos menos, otros estudios muestran una relación entre su consumo de forma prolongada y las cefaleas y migrañas. Un estudio publicado en Pediatric Neurology observó que adolescentes con migraña mejoraban al dejar los chicles y reducir el esfuerzo de los músculos masticatorios. El chicle, además, favorece la aerofagia, que puede producir molestias digestivas y empeorar los síntomas en personas con gastritis. Demasiado chicle puede producir también desgaste dental.
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La cara, los dedos y las orejas también ayudan.
El nervio vago es el más largo del sistema parasimpático, que favorece la relajación. Detrás de las orejas es la zona donde ese nervio es más superficial, por eso el masaje detrás del lóbulo puede activar el parasimpático y reducir la ansiedad.
Acariciar o frotar ciertos objetos relaja porque distrae de las preocupaciones, según algunos estudios de psicología. Hay quienes utilizan 'las piedras de la preocupación': pequeñas, de cerámica, con una hendidura en el centro para deslizar el pulgar.
El shock hace que de inmediato dejes de pensar en lo que te abrumaba. Se desencadena el reflejo de inmersión, que disminuye la frecuencia cardiaca y activa el sistema parasimpático. Es una manera 'contundente' de aliviar los picos de ansiedad.
Al punto Shenmen los chinos lo llaman 'la puerta del cielo'. Está situado en el centro del tercio superior de la oreja y es un punto de acupresión que relaja la tensión. Si se masajea con delicadeza mientras se respira profundo se produce una sensación de alivio.
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