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El sueño de Bobby Fischer se hace realidad: llega el ajedrez aleatorio

Se sortean las piezas

El sueño de Bobby Fischer se hace realidad: llega el ajedrez aleatorio

Getty Images.

El genial y excéntrico campeón de los años setenta ideó un sistema para jugar al ajedrez que le añadiese emoción. Ahora, Magnus Carlsen se lo ha 'copiado'... y es un éxito.

Viernes, 01 de Marzo 2024

Tiempo de lectura: 2 min

El noruego Magnus Carlsen quiere revolucionar el ajedrez rescatando una modalidad que inventó el mítico Bobby Fischer: el ajedrez 960, rebautizado aleatorio, Freestyle. El primer torneo ha sido un éxito tan arrasador como inesperado: 120 millones de espectadores han seguido las retransmisiones. La competición se ha celebrado en Weissenhaus (Alemania) y ha reunido a los mejores del mundo, y ha ganado el de siempre: Carlsen. También estuvieron el chino Ding Liren (actual campeón del mundo), Aronian, Firouzja, Nepo... La modalidad 960 o Freestyle, inventada por el que fuera campeón del mundo a mediados de los noventa, nunca pasó de ser una extravagancia de aquel genio desequilibrado.

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Viva el espectáculo. Carlsen y Ding Liren durante el torneo de Freestyle en Alemania. A la derecha, las bolas del sorteo que determina el orden de las piezas. Ya hay gestiones para que en 2025 se disputen los mundiales de ajedrez clásico y aleatorio en la misma sede y de manera simultánea. | Lennart Ootes.

A Fischer le disgustaba el ajedrez que se jugaba al más alto nivel: aperturas de laboratorio, partidas aburridas, tablas por doquier... Son los mismos males que siguen aquejando al ajedrez clásico, agravado por el uso de las computadoras en la preparación de las partidas. Fischer inventó un sistema que consiste en sortear la colocación de las piezas en el tablero (a excepción de los peones) minutos antes del inicio de la partida. Las combinaciones posibles son 960, de ahí el nombre. Cambiar la posición inicial de las piezas borra de un plumazo la teoría de aperturas, esto es, el conocimiento acumulado durante quince siglos sobre las posiciones clásicas.

Se sortea la colocación de las piezas minutos antes de empezar la partida

Los grandes maestros se saben de memoria por lo menos hasta la jugada veinte de cada variante. El resultado: un tostón. Fischer quería salvar el ajedrez y, de paso, forrarse. Presentó su idea en el año 1996 con más pena que gloria. A los puristas esta nueva modalidad del ajedrez aleatorio les sabe a cuerno quemado. Se necesitan años de duro estudio solo para no meter la pata al comienzo del juego. Pero en su contra juega el ajedrez online. Hay 700 millones de aficionados y muchos solo juegan en Internet, donde reinan las partidas rápidas. Mandan los reflejos y la adrenalina. Y están encantados de ahorrarse el estudio de aperturas. Ese es el cálculo que hace el millonario alemán Jan Henric Buettner, mecenas del torneo.

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El campeón enamorado. A Carlsen se lo ha visto contento y relajado en el torneo alemán, celebrado a orillas del mar Báltico. Acudió en compañía de su nueva novia, algo impensable en un torneo oficial. A sus 33 años, Carlsen sigue siendo el número uno en el ranking, pero ya no es el campeón del mundo. Renunció el año pasado.

Buettner ha introducido otras novedades espectaculares, como registrar las pulsaciones de los jugadores (muchos se van por encima de 140) y el confesionario: cuando le toca mover al rival, comparecen ante una cámara para comentar la partida. Buettner ha anunciado para 2025 una liga intercontinental, con cinco grandes torneos. Tiene la bendición de la FIDE, la federación mundial, deseosa de no perder su tajada.