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El mundo sin pudor de las mujeres surrealistas

Transgresoras, desinhibidas, rebeldes...

El mundo sin pudor de las mujeres surrealistas

En el movimiento surrealista, las mujeres fueron transgresoras, desinhibidas y rebeldes. No solo posaron desnudas para el pincel de sus amantes, también muchas desnudaron su mente y su alma en obras bellísimas, camuflándose bajo seudónimos. Varias exposiciones sobre una de ellas, Leonora Carrington, las han vuelto a poner de actualidad.

Almorzaban en París Dora Maar, Pablo Picasso y una jovencísima Meret Oppenheim, que iba envuelta en un abrigo de pieles. «Cualquier cosa se puede cubrir de piel», dijo Picasso. «¿Incluso esta taza y este plato? Así no se me enfriaría el café», comentó Meret. De ahí partió una de las obras surrealistas más conocidas: Meret Oppenheim forró de piel una taza de café con su platito y su cuchara.

André Breton (fundador del surrealismo) la bautizó Desayuno en piel, en un guiño al Desayuno sobre la hierba, de Édouard Manet. Fue un ... éxito inmediato: en 1936, el MoMA de Nueva York la compró. Fue uno de los primeros reconocimientos de una obra creada por una artista surrealista.

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