De ‘el chocolate de los pobres’ a un éxito gastronómico
De ‘el chocolate de los pobres’ a un éxito gastronómico
Era ‘el chocolate de los pobres’, un cultivo 'de segunda' con el que se alimentaba también al ganado. Ahora es el 'superalimento' de moda y se disparan los robos en sus puntos de almacenaje.
Pasó de ser alimento del ganado, o del hombre en tiempos de penuria como la posguerra civil española, a ser objeto de codicia: el precio en origen de la algarroba bate récords históricos, alcanzando entre 1,6 y 2,5 euros por kilo; diez veces más que hace una década. Tanto es así que se han disparado los robos: el año pasado, la Guardia Civil incautó 150 toneladas de algarrobas sustraídas en España, principalmente, en Valencia y Andalucía. ¿Qué ha ocurrido? Que lo que fue conocido como 'el chocolate de los pobres' hoy es un producto estrella reivindicado por chefs de la talla de Elena Arzak o Jordi Roca.
Además, su semilla, llamada 'garrofín', se usa en la industria alimentaria para pasteles y helados, así como en la fabricación de cosméticos y productos farmacéuticos.
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El algarrobo (Ceratonia siliqua) tiene muchas virtudes: es muy resistente al calor, a la sequía y a los suelos áridos, aunque también resiste muy bien la humedad. España es el principal productor mundial. Su vaina, verde (y no comestible) cuando está inmadura y de color marrón oscuro cuando madura, ha ganado protagonismo gracias a sus virtudes alimentarias. La harina obtenida de sus semillas, por ejemplo, es un buen sustituto del cacao, pero con mucha menos grasa: tiene solo un 1 por ciento de grasa, frente al 15 o hasta 30 por ciento del cacao.
¿Más propiedades? La algarroba fresca funciona como laxante, mientras que la harina es astringente. Es rica en fibras, pectina y lignina, lo que contribuye a disminuir las bacterias de la flora intestinal. Fuente también de vitaminas (A, B1, B2, B3 y D), magnesio, fósforo, zinc, potasio, calcio… Y rica en azúcares, pero al mismo tiempo con un índice glucémico bajo: perfecta para diabéticos. Y ayuda a contener el colesterol y a mejorar la digestión. Así, se ha hecho un hueco de honor en esa dudosa categoría que son los 'superalimentos'.
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Presenta virtudes, es cierto, pero no hace milagros. Y muchos de los estudios científicos que avalan sus cualidades se basan en concentraciones mucho más elevadas de las que podemos encontrar en los productos alimentarios. Y, ojo, es una legumbre: no apta para alérgicos a las leguminosas. ¿Conclusión? Usémosla, experimentemos, por ejemplo, para preparar bizcochos o galletas con su harina, pero no conviene sobredimensionar sus beneficios para la salud.
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