La Voz de Galicia

Más que un galgo, casi dos

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María González, la joven redondelana que colabora con la asociación Baas Galgo, adoptó el año pasado a dos ejemplares adultos. Uno de ellos es una whippet herida de un navajazo para arrancarle el chip

27 Apr 2015. Actualizado a las 10:07 h.

Es raro ver a un whippet abandonado. Así como los galgos aparecen por docenas, muertos o malheridos, arrojados en las cunetas por las carreteras españolas, colgados de los árboles o tirados por las esquinas cuando a sus dueños, cazadores, ya no les sirven, sus hermanos pequeños se libran de esta práctica. Un whippet es, en apariencia, un galgo pequeño. Quien no esté al tanto de las mezclas de laboratorio hasta puede pensar que es un cachorro, pero es una raza aparte, muy apreciada, creada en Inglaterra en el siglo XIX. En Vigo no se ven muchos, pero María González tiene un catálogo de tamaños. Y en ambos casos, con un historial de maltrato en el equipaje con el que llegaron hasta Galicia.

María, que es técnica en radioterapia y trabaja en la unidad de oncología del Hospital del Meixoeiro, dedica parte de su tiempo libre a colaborar con la asociación Baas Galgo, que tiene su sede central en Madrid. A través de ella le llegó Leo, en enero del año pasado, procedente de Murcia, donde lo abandonó un cazador. «Tuvimos que esperar a que llegase un transporte solidario para trasladarlo hasta aquí», cuenta la joven redondelana afincada en Vigo. Su aclimatación fue muy sencilla, al tratarse de un perro viejito. «Al contrario de lo que se piensa, la adaptación de un ejemplar en edad adulta es más rápida y además es más fácil que convivir con cachorros», explica. Leo se hizo su hueco es el sofá y se las prometía muy felices cuando ocho meses más tarde llegó Eva, de aproximadamente siete años, a la que encontraron destrozada, en la localidad toledana de Fuensalida con un navajazo en el cuello para arrancarle el chip y no dejar huella de la cobardía, y en grave estado de salud, afectada por una leishmaniasis. Pero tras hallar un hogar la recuperación fue espectacular. La nueva inquilina, que llegó bajo la fórmula de la acogida indefinida, fue muy bien recibida. «Ella tiene un carácter muy bueno, comparten todo y ahora si no están juntos, se mueren, La semana pasada estuvieron separados y él no paraba de llorar», asegura, añadiendo que ha comprobado que es verdad lo que siempre dicen los expertos: Dos galgos mejor que uno. «Esta raza sufre mucho la angustia de la separación, y juntos la mitigan», cuenta. «No conozco a ningún whippet adoptado que no sea ella y dudo mucho que la utilizaran para cazar», advierte su dueña. De hecho, en la asociación que ella representa en Vigo, solo tuvieron dos el año pasado. Casualmente, ambos con leishmaniasis, una enfermedad grave que transmite un mosquito en su picadura, que ahuyenta a los posibles adoptantes.

Sin embargo, María le resta importancia, ya que hay tratamiento y no es nada complicado. «Solo hay que seguirlo y hacer una analítica dos veces al año». La redondelana está acostumbrada a lidiar con problemas mayores, ya que lleva diez años trabajando con pacientes con cáncer. «Es duro, pero me encanta mi trabajo, que es tratar de ayudar a la gente», manifiesta la profesional sanitaria, a la que también le han gustado siempre los animales, algo que vivió desde niña en el entorno familiar. Precisamente hace cuatro años falleció su perro Mofly, con 16 años de edad, y en el 2013 murió su cocker Zar, de 12 años. Tras pasar el mal trago fue cuando se decidió a adoptar perros con un pasado de abandono.


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