El paraíso de las cocinas
Vigo
Carmen Fuciños delegó en su hija la pionera tienda especializada en menaje nacida en Madrid
24 Feb 2013. Actualizado a las 07:00 h.
Su pasión por la cocina llevó a la viguesa Carmen Fociños a sumarse una aventura empresarial que empezó en Madrid bajo el nombre de Alambique, un establecimiento innovador y pionero en el cultivo de la afición por la gastronomía ofreciendo todo tipo de utensilios de cocina y mesa, desde los tradicionales a los más innovadores.
Era su primer trabajo y suponía un riesgo importante, ya que por aquel entonces el menaje se despachaba prácticamente en ferreterías y no estaba tan en boga como ahora. «Mientras mis hijos eran pequeños nunca se me ocurrió semejante cosa, pero cuando iba a Madrid siempre me acercaba a Alambique porque me encantaba la tienda. Además una de las socias, Juliana Calvo Sotelo, era pariente mía», cuenta. Ella fue la que la animó a abrir sucursal en Vigo. Con los hijos ya crecidos y un local de propiedad familiar sin usar en pleno centro, encontró las circunstancias ideales dar vía libre al proyecto pese a la reticencia inicial de su marido, el ingeniero naval Jesús Martínez, recientemente fallecido. «Mi marido me decía que me iba a atar mucho, pero no me importaba, yo no soy de cafeterías ni de cartas y así me entretenía. Antes de empezar me quedé en Madrid dos meses aprendiendo y poniéndome al tanto de todo y montamos la tienda siguiendo el estilo de la original».
Alambique era entonces una franquicia con nueve asociados, pero ahora solo quedan la de Vigo (que ocupa parte de lo que en su día fue el enorme almacén de coloniales Hipólito González) y la de la capital, que fundó en 1978 tras una visita a Nueva York, la experta en gastronomía Clara María González de Amezúa junto a tres amigas (viajeras y de mundo como ella). Allí descubrió una maravillosa tienda de objetos para el arte culinario que le dio la idea para la suya. El establecimiento aderezaba además su oferta con una escuela de cocina que sigue abierta. «Aquí también seguimos esa línea a través de cursos puntuales, pero ahora lo hemos dejado», apunta Carmen Martínez Fuciños, que continúa la labor iniciada por su madre, que se jubiló hace cuatro años pero se pasa por allí de vez en cuando, a recordar tiempos. La hija se formó como psicóloga pero ejerció poco tiempo y tampoco lo echa de menos. «Me gusta mucho esto y disfruto del trato con el público», asegura. Cuando la tienda abrió, se distinguió por su originalidad. En Alambique se podían adquirir artilugios de lo más insospechados importados de otros países. Tenían, y siguen teniendo, cosas que no tienen otros. Entre ellas enumeran aparatos muy especiales y específicos como surtidos de moldes poco habituales con todo tipo de formas y tamaños, deshidratadores de verduras, máquinas para hacer croquetas, aireadores de vinos, cuchillos y gubias para arte decorativo con verduras y frutas, baterías de cocina de hierro fundido, hervidores de pescado... «Intentamos tener lo que no es fácil de encontrar en el mercado, si alguien me pide algo investigo hasta conseguírselo», afirma. Y no es fácil porque, según constatan, hay muchos fabricantes que han desaparecido del mercado. «Llegaban cosas de Londres o de Suecia que ya no encuentras, como ahumadores de pescado o prensadores de acero para carne que eran una maravilla».
El relevo generacional en Alambique está complicado, aunque Marcos, uno de los hijos de Carmen, estudió dos años de cocina en Santiago y ahora afronta cuatro más aprendiendo gestión hotelera. «Nunca se sabe, pero no creo que continúe aquí. Que haga lo que más le guste», opina su madre.