La Voz de Galicia

La cerveza también se cata

Vigo

F. T. /  S. A. soledad.anton@lavoz.es

11 Mar 2009. Actualizado a las 02:00 h.

La de vinos se ha convertido en algo normal, pero la de este zumo amargo que se extrae de la cebada es menos habitual. Para compensar esta carencia, Estrella Galicia organizó ayer en su local de Vigo una cata para observar, oler y saborear de otra manera una bebida con una tradición tan larga como la propia cultura. Para quien dude de la intensa y larga relación del ser humano con la cerveza, José Luis Olmedo, maestro cervecero de Estrella Galicia, recordó que los restos más antiguos de este universal brebaje datan del año dos mil antes de Cristo; impregnaban una vasija localizada en lo que hoy es Irak. Los egipcios germinaron y tostaron la malta y le agregaron dátiles, jengibre y azafrán y los monjes popularizaron el singular zumo por Europa durante la Edad Media. Su particular hacer lo mantienen vigente los seis monasterios de la Trapa (cinco en Bélgica y uno en Holanda) que conservan la exclusiva denominación de cerveza trapense, especiadas, complejas y de altísima graduación. En imitación de estos líquidos han proliferado por Europa las llamadas cervezas de abadía.

La historia de la cerveza en España tiene un responsable, Carlos V, que la introdujo y popularizó. Olmedo aclaró también por qué muchas marcas tienen querencia por la palabra estrella, incluida la que se elabora en Galicia. «La estrella de seis puntas era el símbolo del gremio de los maestros cerveceros. Cada punta tiene un significado: el malteado de la cebada, la cocción, la fermentación, el agua, el aire y el fuego, todos los elementos que se necesitan para elaborar cerveza».

La cata también permitió derribar mitos; el primero, el de la barriga cervecera. «Bebo entre dos y tres litros de cerveza al día», proclamó Olmedo, mientras recorría con las manos un vientre liso como una tabla. «La cerveza tiene las mismas calorías que el zumo de naranja; el problema son las patatillas o los frutos secos con los que acompañamos la caña».

En la ilustrativa cata de ayer, se despejaron también varias incógnitas: siempre es mejor una caña bien tirada -con sus tres coronas de espuma diferente- que un botellín; las cervezas cero tienen un 0,04% de alcohol, pues hasta ahora la ciencia no ha sido capaz de retirar la totalidad del grado de la cerveza; la espuma la induce una proteína que se libera con las burbujas de carbónico; cuanto más tiempo se mantenga la espuma, mejor; el sabor de una birra se aprecia al segundo sorbo, cuando la lengua ya se ha acostumbrado al picor del carbónico; los botellines son de color verde o marrón para proteger al lúpulo, que evoluciona con la claridad y puede sufrir lo que se llama un «golpe de luz», que afecta a la calidad de la cerveza. Una bebida, por cierto, que no caduca, aunque el momento ideal para consumirla es en el año siguiente a su elaboración.

Es lo que ofrece la exposición que, dentro del programa Mostrarte, puede contemplarse desde ayer en las dependencias de la Alcaldía. Elsa Pérez Vicente seleccionó para esta retrospectiva un total de 28 obras, en las que no solo puede apreciarse su evolución a lo largo de tantos años de carrera, sino su dominio de las diferentes técnicas, desde la tinta al carbón, el pastel, el grabado... Por no hablar de la variedad temática que la ha atrapado en cada momento.

Por ejemplo, no todo el mundo sabe que Elsa tuvo su época taurina. Lo más curioso es que la atacó con especial fuerza allá por los 60 en su Buenos Aires natal, cuando ni siquiera sospechaba que un día cruzaría el Atlántico y montaría su cuartel general en Galicia para siempre. Primero en Vigo y, desde hace un tiempo, rodeada de naranjos, pomelos, limoneros... en Gondomar. De su interés por el mundo taurino tuvo la culpa García Lorca. «Leer la defensa que hacía de la fiesta me sirvió para fantasear», afirma.

Ante un puñado de políticos, entre ellos Abel Caballero, el anfitrión y, sobre todo de amigos (Mario Rodríguez, Carmela Arbones, Antonio Quesada, Rubén Muñoz...), contó Elsa que la obra de un artista solo tiene sentido si hay alguien que la observa. Vino a decir que cada cuadro es un mundo y cada espectador hace su particular interpretación.

A punto de inaugurar otra muestra de obra nueva, en este caso en Caixanova, los pinceles ocupan gran parte de su tiempo. Eso sí, sin agobios porque, según confiesa, es muy metódica y pinta todos los días. Sigue bastante al pie de la letra aquella máxima de que lo mejor es que cuando llegue la inspiración le encuentre a uno trabajando.

El jurado estuvo de acuerdo en que el mejor trabajo de los 22 presentados era que firmaba Silvia Villaverde Míguez bajo el lema Un paseo pola cultura. La joven diseñadora tudense no solo se ha hecho acreedora de los 500 euros con los que está dotado el concurso, sino que su obra anunciará las fiestas de San Telmo de este año. Con todas las obras presentadas el Concello de Tui organizará una exposición en la segunda quincena de marzo.


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