Apenas hubo ocasiones para los visitantes, mientras que Casillas salvó a los suyos de una mayor humillación
11 Mar 2009. Actualizado a las 02:00 h.
El Real Madrid tomó una gran decisión cuando optó por no inscribir a Huntelaar en la Champions. Ayer habrían gastado un billete de avión y una plaza de hotel para nada. Los blancos tenían que marcar y anduvieron sobrados de delanteros, que asistieron al partido como público.
El balón nunca merodeó el área de Reina, al que solo Sneijder exigió en un tiro lejano con rumbo a la escuadra cuando se llevaba media hora de partido. Para entonces, Casillas sabía que iba a ser el mejor de los visitantes, pasara lo que pasara en la hora de juego que restaba.
A los 30 minutos, el Madrid era ya un juguete roto a los pies de Torres, que abusó del punto más débil del rival en una jugada digna de ser repetida hasta rayar la moviola. Recibió a tres metros de la frontal con Cannavaro a media distancia y aprovechó la falta de cintura del central para colocarle un autopase de tacón. Así se plantó delante del portero, que se marcó una parada con el pie a la altura del gol antológico que evitaba. La exhibición del guardameta continuó en el saque de esquina, respondiendo a mano cambiada a un chut de Mascherano al ángulo.
A la tercera fue la vencida, por aquello de que Casillas solo tiene dos manos y no alcanzaron para tapar las cuatro piernas que lo asediaron tras un fallo en el despeje de Pepe, demasiado solo ante la marea roja que se instaló frente a su área. El portugués no acertó esta vez a enmendar un nuevo error de su colega italiano y Kuyt y Torres le encimaron hasta ganarle el balón. El holandés se la cedió al Niño para que la empujara dentro. El nueve