El paraíso del bikini
Vigo
30 Jul 2008. Actualizado a las 02:00 h.
No es malo que no haga tiempo de playa. De hecho, hay turistas que están encantados. Hablo de los fracasados de la «operación michelín» que, tras su escaso éxito con las dietas de primavera, vienen a Galicia entusiasmados, porque puedes veranear sin ponerte el bañador. «Yo vengo todos los años aquí por la gastronomía», dicen. Y es cierto: Por la gastronomía que se llevan pegando desde Navidades, que les impide ir a Ibiza, con los guapos, a tomar el sol.
Somos un lujo para los acomplejados por la talla. Ofrecemos un hermoso sitio lleno de playas donde no se puede ir a la playa. Y eso nadie lo valora más que los desencantados de la dieta.
Desde enero, los hay que las han probado todas: la del ajo, la del apio, la de la zanahoria, la de los colores? Este año ha triunfado la del huevo: Revueltos, para desayunar; dos cocidos, para comer y a la plancha, para cenar. ¿Y funciona? No, pero acabas hasta los huevos.
Tras la decepción, toda esta gente se viene a Galicia. Llegan mustios, preocupados, con ojos de báscula. Si ven el anuncio de «Kellog´s Especial K», lloran. Peo es llegar a nuestra costa y mirar al cielo, y es que les cambia la cara. ¡Un sitio de veraneo donde no se puede ir a la playa! Mal hace Turgalicia en no publicitar esta formidable oferta tan gallega.
Al cabo de una semana de estancia entre nosotros, todos pierden sus complejos. Ya no se ven ni barrigas, ni celulitis, ni cartucheras, ni michelines. Y, algunos, hasta se entregan a practicar el «yoguing». ¿Y qué es, preguntan, lo de ponerse un chándal y echarse a correr? ¡Claro que no! «Yoguing», del oso Yogui: Tirarse todo el día en el sofá a comer, beber y ver la tele.
Un premio internacional merecería Galicia por todas las neuras que se están curando con este tiempo inestable. Los madrileños que están ahora en Alicante, por ejemplo, sufren el martirio de tener que estar en la arena, comparando los éxitos de la «operación bikini». Pero aquí, no. Aquí, asoman felices la cabeza por la ventana y, al ver nublado, ya se pueden ir tan contentos a comer percebes a Aguiño, mejillones en Castrelos, pulpo á feira en O Carballiño o meterse un «carneiro ao espeto» de Moraña entre pecho y espalda.
Esto, no lo duden, es el paraíso. Así que, ya saben, amigos mesetarios: Cuéntenlo a su vuelta a sus amistades. Hay un sitio en el Norte donde las vacaciones son de verdad. Y, sobre todo, que no te obliga a hacer régimen tres meses antes. Porque ya se sabe cuánto puedes perder por hacer una dieta estricta dos semanas. Pues eso: dos semanas.